
Para quienes desean encontrarse.
Para quienes ya han descubierto
lo que son y se aceptan...
Para tí que eres, simplemente: Tú.
Soy
Soy, a ratos, tan díficil.
Soy, a ratos, sin ser lo que quiero
Anhelo aquello que no soy
Y, sin embargo...
soy tanto sin saber lo que soy.
Ser gota en un océano,
en un río,
en un charco es...tal vez,
empequeñecerse, ser uno más.
No. No es eso lo que quiero.
Ser gota en un vaso de agua.
En el sorbo que calma la sed es...tal vez,
acercarse al deseo de conocerse,
de encontrarse, de reconocerse
Sí. Eso, sí lo quiero.
Puedo ser una lágrima.
Una gota salada rodando por la mejilla,
hasta la comisura de mi boca entreabierta.
Estaré llorando, entonces.
Pero seré, por fín Yo, fluyendo...
Podemos ser, pues, gotas saladas
en el inmenso océano del pensamiento,
y no conocernos,
no saborearnos,
no querernos.
Podemos ser, pues,
gotas anhelantes en el caudal de nuestro río,
y no conocernos,
no saborearnos,
no querernos.
Podemos ser gotas de lluvia caídas,
precipitadas desde el cielo hasta la tierra
y no conocernos,
no saborearnos,
no querernos.
Podemos ser gotas de un pequeño sorbo,
salado, dulce o amargo en nuestra boca,
y, sin embargo, recocernos,
y saborearnos,
y querernos.
Entonces,
¿ Que soy?,
¿ Quién soy?,
¿ Como soy?
¿ Para qué soy?
Ser, sin más es...
beberse a sorbos.
Reconocer nuestro sabor
degustarnos hasta cogernos gusto.
Y, por fín, querernos.
Pilar Martinez
