jueves, 24 de junio de 2010

Cruzando puentes





Hace tiempo leí que en en el interior de cada uno de nosotros existen todos los puentes necesarios para ser cruzados en un momento preciso y llevarnos hacía nuestro destino.


Yo imagino que, si de verdad existen esos puentes en nuestro interior, en cada momento los cruzamos con la seguridad plena de que vamos hacía dónde debemos ir aunque al otro lado no sepamos muy bien qué es lo que no espera. Y, si es así, entonces también cabe creer que día a día caminamos por una senda necesaria hacía nuestro indefinido horizonte.

El debacle viene en el momento que se nos presentan encrucijadas en el camino, bifurcaciones que nos hacen dudar a la hora de tomar la decisión de seguir por un lado o por otro. Y, cuántas veces tambien no nos sucede que tomado un camino y un puente, sopesamos qué hubiera ocurrido de haber tomado otra dirección diferente.

Si creemos con absoluta fe que cada puente que cruzamos en nuestra vida es el que debíamos tomar así nos haya hecho dar algún que otro rodeo o sorteado diferentes desniveles, lo natural es tener también la certeza de que todos nuestros pasos han sido plenamente necesarios para llegar hasta donde estamos y al tiempo llevarnos aún más lejos.

Suele decirse que meta y camino son lo mismo y que no hace falta correr hacía ninguna parte. Tampoco importa el destino, sino que lo importante es el viaje. Quizá sí, o puede que también se haga necesario plantearse alguna meta, un destino mejor en nuestro discurrir por la vida, porque a menudo suele ocurrir que sentimos pasar nuestra vida por inercia, un somero discurrir cruzando un puentecillo trás otro sin más, anestesiados por la rutina y su desencanto. Un viaje al fin y al cabo pero sin interés alguno por la nula inquietud de sorprenderse ante lo que siempre espera a la otra orilla. Y es esa falta de inquietud, esa apatía la que nos anula el siempre anhelante proyecto de ser un poquito más felices que ayer o que antesdeayer.

Si de verdad, en nuestro interior, habita un arquitecto sublime capaz de levantar de un día para otro puentes para cruzarnos a diferentes orillas y seguir nuestra senda vital, creo que debemos darle los materiales necesarios para que sean sólidos, de piedra robusta y con buena argamasa, y no colgantes que pueden hacernos perder el equilibrio por su inestabilidad o en el peor de los casos inexistentes dejando únicamente delante un precipicio.

Esos materiales serán, entonces, fe en nosotros mismos, conocimiento pleno de nuestras capacidades, curiosidad, voluntad, ilusión, sentido del humor, esperanza, pero sobre todo un sentido auténtico de agradecimiento por tener días por delante para vivir. El regalo que siempre nos espera a la otra orilla del puente...

Y, si es así, debemos entonces creer que el puente que cruzamos es, efectivamente, sólido,con buenos materiales, no proclive a romperse a nuestro paso y hacernos caer a un precipicio o a una turbulenta corriente de un río.

Pilar Martinez Fernandez ( Junio 2010)


lunes, 21 de junio de 2010

En Portugal y otros lugares


En Villanueva del Pardillo de romería. El coro preparándose para cantar " el molino". Lo que más nos cuesta, entrar bien en el tono...




La La Espadaña triunfó en Portugal.





Toda la tropa de " Pilarica Coros y Danzas" en una parada durante el viaje a Povoa de Varzim ( Portugal)








Concretando las entradillas de las canciones. Siempre lo arreglamos todo en el último momento...


En esta foto de familia con nuestros hermanos portugueses que nos acogieron con mucho calor humano. Realmente lo pasamos muy bien y el hermanamiento fue memorable. Costó marcharse de allí...





Aqui cuatro castellanas de secano pisando la playa. ¡ Como si no hubieramos visto nunca el mar¡....Estamos conquistando tierra Portuguesa Eva, Argentina, Armonía y yo.

Más abajo foto de familia en Oporto.


































Y Nuevamente a pie del mar....disfrutando de su brisa, de sus olas y también haciendo el saludo al sol en la playa. En la foto, nuestra profesora Armonia a la derecha, seguida de Arancha, Yo misma, Mari Mar, Maria y Eva.









































Y aquí....¡ madre de Dios¡. Nos convertimos todas las mujeres en colegialas. Una nota divertida que divirtió a propios y ajenos...










Mi amiga Armonía y yo en la playa dispuestas a disfrutar y dar lo mejor de nosotros mismas.
























Y por último, tres amigas rogando a San Antonio...¡ a saber qué¡. ¿ Novio ?, ¿ Algún parabien?....estamos en el pueblo de Eva, Navas de Oro en Segovia. El pueblo que más baila a San Antonio la jota. Durante prácticamente seis horas...¡¡¡ incrébile¡¡¡ y digno de ver...






domingo, 20 de junio de 2010

La paloma coja

Articulo para la Revista " Iglesia en Almodovar del Campo".


En un acera, picoteando esos minúsculos granitos de alimento que puede haber para un ave que habita en una ciudad, había una paloma. Su contoneo era singular. Parecía danzar más que caminar, daba saltitos con una pata al tiempo que giraba su cuerpecillo plumoso de color gris ceniza. De aquella observación curiosa de la paloma, finalmente se podía apreciar cúal era el motivo de su forma peculiar de moverse y caminar; en una de sus patas le faltaban esos tres dedos palmípedos sobre los que apoyarse. En su lugar había una terminación radical en forma de muñón que le quedaba justamente a ras del suelo. Apenas apoyaba el muñón de su pata, sólo un instante muy breve para girar y cambiar de dirección para seguir picoteando del suelo.
Al descubrir ese pequeño hallazgo inusual en la paloma, enseguida deduje que era una tara de nacimiento, un capricho de la naturaleza que de vez en cuando se manifiesta para poner a prueba a los seres vivos que crea con su bello poder.
Y me fijé aún más en ella y, cuanto más lo hacía, más me sorprendía verla moverse tan armoniosamente. Al principio pensé: - pobrecilla, que lástima. Luego fui cambiando el concepto. Pasé de sentir cierta lástima por ella a sentir en cierto modo admiración. Sé que admirar a una animalillo como si tuviera una personalidad concreta puede ser absurdo dado su sentido irracional, pero realmente me admiró esa paloma coja. Generalmente la naturaleza y su selección, a veces cruel, elimina a los seres débiles. Esa paloma al nacer así bien podría haber perecido, sin embargo, he aquí lo revelador de esta historia, supo superar su limitación, creciendo, volando y valiéndose por sí misma al tiempo que consiguió también encontrar su equilibrio a la hora de moverse y procurarse su propio alimento. ¿ Cómo lo consiguió?, podemos muy bien preguntarnos. Pues como se suele conseguir casi todo en esta vida que se nos presenta como un reto a superar; con férrea voluntad y sin rendirse ante la dificultad.
Así, muchas veces, podemos ser las personas; palomas cojas por una u otra razón. Algunas veces físicas, otras sentimentales, emocionales...siempre razones para nosotros muy poderosas que nos hacen caminar cojos, con bastones o en el peor de los casos paralíticos, entendiendo por paralíticos no a parapléjicos físicos, sino a los parapléjicos de alma.
Los genios, inventores, místicos, santos... aquellas personas que a lo largo de la historia consiguieron hacer con su vida una proyección elevada y ejemplar de su persona con sus acciones, lo hicieron superando sus propias cojeras, y lo hermoso de todo ello es que además consiguieron convertir sus cojeras personales en movimientos armoniosos, incluso bellos. Un ejemplo lo tenemos en Beethoveen; una sordera recalcitrante e incluso tormentosa para él mismo y sin embargo fue capaz de componer increíbles sinfonías.
Pues de estos ejemplos y teniendo cada cual sus propias taras, debemos fijarnos pues al fin y al cabo, la perfección es una quimera que de tanto perseguirla nos puede llegar a frustrar, sin embargo en la imperfección está el afán de superación, el valor, la supervivencia a la adversidad, nuestra resolución incluso ante nosotros mismos para descubrir nuestras capacidades.
Cuando dejé atrás con su contoneo a la paloma coja, lo hice pensando que acababa de ver algo que seguramente no volviera a ver en otra ocasión. Son visiones que ofrece lo cotidiano y que no siempre nos detenemos a observar. A menudo, aún teniendo el sentido de la vista pleno, caminamos ciegos, por eso agradezco tener tanta curiosidad, porque me hace recabar en detalles que siempre consiguen enseñarme algo.
La paloma coja me enseñó algo vital. Considerando que un pichón de paloma debe abandonar el nido y valerse por si misma antes de un mes, bien hubiera podido quebrar su vida en el momento de pisar el suelo o a los pocos días por su limitación de movimientos y su lentitud en comparación con sus congéneres a la hora de competir por el alimento del suelo, pero de alguna manera, consiguió hacerse su hueco y sobrevivir, y a juzgar por su buen aspecto, lo supo hacer bien.
Sin pensar en nadie, únicamente en mí misma, llegué a la conclusión de que muchas de mis “ cojeras” y “ muñones” pueden convertirse en listones que superar para demostrarme mis plenas capacidades y hacer algo más y sobre todo útil con mi vida. En mi caso no sólo alimentarme y sobrevivir igual que la paloma, sino además dar salida a esos dones y talentos que Dios me ha dado. Tal vez no lo consiga siempre, o me quede a medias, pero que duda cabe que teniendo vida, considero obligado “sobrevivir a mis cojeras”. Y, si pudo una paloma, puedo yo también, del mismo modo que lo puede conseguir cualquiera.
Pilar Martinez Fernandez. ( junio 2010)

martes, 8 de junio de 2010

Sin miedo, no hay valentía

Publicado en Iglesia en Almodovar Nº 233
¿ Qué haces con tus miedos?

En una de esas conversaciones fugaces que algunas veces alcanzamos a oír cuando pasamos al lado de alguien, tuve ocasión de escuchar algo que si bien no era de mi incumbencia, llamó mi atención. La persona que hablaba era una mujer joven, al parecer con un problema acuciante pues su voz, un tanto temblorosa, denotaba desesperación mientras hablaba por su móvil, pero en el instante fugaz que pasé por su lado y escuché lo que decía, su aparente desesperación adquirió una postura tan contundente que me dejó un tanto perpleja. Gesticulando con la mano para poner aún más énfasis en lo que decía, la mujer exclamó: - ¡ Pues claro que tengo miedo¡. Mucho miedo, pero si no tuviera miedo tampoco sería valiente y eso, me hace ser fuerte.
Sin un contexto más amplío de la conversación, escuchar algo así puede dejarnos indiferentes o provocarnos curiosidad. A mí me sucedió lo segundo, no voy a negarlo, pero me limité a continuar mi camino. Fue después, en esos silencios en los que te quedas cuando tu mente parece querer darse la oportunidad de pensar, cuando pensé en la afirmación rotunda al tiempo que temerosa de la mujer.
Y pensé en el miedo, efectivamente. Esa sensación que aflora con mucha frecuencia. Algunas veces justificada, otras no tanto, pero en cualquier caso siempre acompañada de la vulnerabilidad, de la inseguridad, y cómo no, de la incertidumbre.
Yo he sentido miedo muchas veces. Quizá más de las que recuerdo o incluso me atreva a reconocer. Me dan miedo las tormentas, sin ir más lejos, y cada vez que lo digo, siempre hay alguien que me dice en tono paternal que no son para tanto y que incluso son un fenómeno curioso de observar. Sea como fuere, intento vencer ese miedo cada vez que en el cielo culebrean y retumban los relámpagos y truenos, pero no puedo evitar sentirme muy vulnerable e incluso estremecerme. No obstante, entiendo que esa clase de miedo no deja de ser algo meramente puntual que no afecta a mi equilibrio emocional. Hay otra clase de miedos que, efectivamente, someten a la persona a un pulso en el que únicamente con fortaleza es capaz de ganar la partida. Y, he aquí dónde comienzan a entrar en juego esas “ dificultades” que no nos gusten, esos obstáculos que nos frenen algunas veces, esas pérdidas que tanto nos desestabilizan emocionalmente, esos cambios inesperados en nuestras vidas...cartas de esa baraja que es la propia vida y que nos hacen tener malas jugadas.
La vida no es algo lineal, ni siquiera para quienes eligen vivir apartados del mundanal ruido, como suele decirse; tiene altibajos, recovecos, bifurcaciones...demasiadas bifurcaciones inesperadas con sus correspondientes decisiones difíciles o incluso arriesgadas, pero también pienso que aquí está, precisamente, lo apasionante de vivir; ser capaces de afrontar aquello que nos aparece a la vuelta de la esquina, así la vida nos someta a cambios duros o nos desestabilice emocionalmente perder algo de lo que tenemos.
El crecimiento, la superación, todo aquello que conlleva al hombre y a la mujer a ser mejor en todos y cada uno de los aspectos de su vida, solo se consigue enfrentándose a los miedos con valentía y, eso, efectivamente, también les hace ser más fuertes.
Cuando escuché a la mujer en su zozobra decir aquello que apuntaba al principio, pensé que tenía razones de peso para buscar dentro de sí misma el valor necesario para afrontar y vencer su miedo, pero al mismo tiempo me pregunté si yo era igual de valerosa ante mis miedos.
No tengo una respuesta fehaciente, creo que sería mucha presunción por mi parte afirmar algo que aún está por demostrar, porque una cosa es haber aprendido a convivir con tus miedos y otra bien distinta poseer una fortaleza determinada ante un temor fundado e incluso muy posible. Sí puedo decir que, ahora, sé mejor lo importante que es no mostrarse pusilánime ante los problemas y miedos. Lamentarse es derrochar un tiempo muy necesario para solucionar nuestros conflictos interiores.
Cuando se es creyente y se siente interiormente el convencimiento de que Dios camina con nosotros, los miedos también se depositan en sus manos. Y cuándo vas viendo que, de una forma u otra, Él, te coloca donde corresponde, vas también siendo muy consciente de que tu actitud decidida ante tus miedos, te ha hecho crecer y por tanto más fuerte.
Hay quienes no se dan cuenta de esto porque en su desnudez espiritual y conocimiento interior, se ven débiles. Y no es menos cierto también que, la insatisfacción, hace de las suyas pues suele ocurrir que, superado un miedo, aparece otro para llenar de nuevo un hueco que, de repente, se quedó vacío.
Cuando coges la mano de Dios, el miedo dura lo que tardas en sentir que no estás solo e, inmediatamente, aflora una postura valerosa que, en lugar de menguarte, te hace crecer y fortalecerte.
Esta enseñanza, la expresa muy bien Tagore en uno de sus escritos: “ Señor, enséñame a orar no para obtener protección contra los peligros, sino para afrontarlos sin temor. Enséñame a pedir no alivio a mi dolor, sino el valor para superarlo. Enséñame a buscar en el campo de batalla de la vida, no aliados, sino mi propia fortaleza.”
Leído y asimilado este bello pensamiento, poco más cabe decir. Una vez más, nosotros elegimos; vivir con miedos y acobardados, o afrontar nuestros miedos con valentía y con la convicción de que Dios está junto a nosotros en la batalla de la vida. Yo, personalmente, elijo la segunda opción aún siendo muy consciente de mi vulnerabilidad. Y, tú, ¿ Cual eliges?. ¿ Qué haces con tus miedos?.

Pilar Martinez Fernandez.

martes, 11 de mayo de 2010

No somos casualidad



Cuando miro las flores, veo su color, sus pétalos abiertos a la luz, su vivacidad a pesar de ese lento marchitar al que sucumben finalmente.

Veo también, perfección. Perfectas en el equilibrio que mantienen erguidas desde sus ramas; perfectas en su forma, como queriendo jugar con la naturaleza a la simetría, y pienso que, tanta perfección, no es casualidad, sino fruto de una creación magnánima.

Lo pienso también del hombre y de la mujer. Quizá no vea en muchos de esos hombres y mujeres que me rodean ni la perfección ni simetría alguna, menos aún equilibrio, pero sí que tengo la completa certeza que cada ser humano existe más allá del hecho primario de haber nacido.

Nuestra existencia, no es casualidad. Lo propicia algo que no acertamos a definir; alguien superior, Dios, el universo, las estrellas...a saber entre todas las teorías posibles, cúal de ellas es la verdadera, podemos llegar a pensar.

Mi teoría, que no certeza, es que existimos por una necesidad implicita; tal vez para que se desencadenen otros muchos acontecimientos o porque en ese gran puzzle que es la vida, somos una pieza necesaria para que otras sucesivas se encajen también.

Y, si pienso en el ser humano y sus posibilidades, me resulta mucho más fácil comprender el motivo por el cual, cada uno, existe y también porqué no podemos ser perennes en esta vida.

El hombre y la mujer, igual que una flor, tiene un proceso de germinación y floración para terminar en un lento proceso de marchitamiento. Aceptar este hecho es tambien aceptar las propias reglas de la vida, el problema surge cuando entendemos que envejecer es abandonarse a esa enajenación que produce el verse mermado de facultades.

No somos dueños de nosotros mismos. Podemos sentir que lo somos cuando nos acompaña la fortaleza, la salud, la voluntad, la juventud...pero no lo somos realmente. Es una sensación únicamente, pero no la realidad, o al menos esa realidad relativa que se deja entrever si extrapolamos nuestra existencia.

Hoy existe un pensamiento existencial forjado por la negación espiritual de un dios magnánimo y creador. Hoy más que nunca vemos a nuestro alrededor semidioses individualizados; agnósticos de todo, en contra también de casi todo pero sin embargo creyentes de sí mismos.

Creer en uno mismo no es ni mucho menos algo nefasto, más bien al contrario, considerar y tener conocimiento de nuestros dones otorgados y de nuestras posibilidades, es el único modo de crecer y florecer con intensidad; sólo se convierte en algo deleznable cuando se tiene una creencia bastante distorsionada de uno mismo y se sube a determinadas atalayas.

Ese tipo de personas, además de tener un concepto de su existencia bastante pobre aún en sus delirios de grandeza, acusan un vacío existencial y espiritual tan enorme que díficilmente encuentran serenidad en sus vidas.

No somos dioses, ni tan siquiera criaturas perfectas. Somos una bella obra creada por un magnánimo alfarero. Llamaló como quieras, piensa también lo que quieras. Yo, si me permites finalizar esta reflexión con una postura personal, pienso que no soy capricho de una casualidad, sino que existo porque en ese entramado que es la vida, en algún lugar, por una mano poderosa, estaba escrito que yo existiera. Sin duda, lo agradezco. Nada hay tan hermoso como tener la oportunidad de vivir muchos días con sus correspondientes amaneceres y atardeceres consecutivos.

Pilar Martinez ( Mayo 2010)

martes, 4 de mayo de 2010

En la distancia



En la distancia

Siento lejos la delicadeza de tus manos,
ese calor que me enseñaste y que, ahora,
en mis soledades frías,
echo tanto en falta.

En la distancia, la ausencia es cómplice,
y el vacío, una herida abierta que duele,
un quejido que se pregunta entre mil porqués,
uno solamente: ¿ Por qué estás tan lejos?

En la distancia, hay espera,
días que se desean saltar de treinta en treinta para que,
ese día señalado en el que volver a verte,
fuese ya mañana, o mejor, ¡ ahora mismo¡

Pero sé que, en la distancia, mañana llegará;¡Sí¡
Porque al amor no lo detiene el tiempo,
Y tus manos y las mías, romperán esa distancia,
se entrelazarán, muy juntas.

Y puede que ya no se separen nunca,
o puede que tengan que alejarse de nuevo,
languideciendo con la despedida,mientras separamos
las puntas de nuestros dedos.

Pero en la distancia, el suave tacto del recuerdo,
nos dará alas en lugar de manos,
y contando de nuevo los días,
llegará ese tiempo en el que, sin distancias, tú me dirás,
y yo te diré: " Te amaré siempre".


Pilar Martinez ( Mayo 2010)




jueves, 29 de abril de 2010

Siguiendo la escondida senda


Leía hace poco una frase que decía algo así como que nadie baja dos veces a las aguas del mismo río.
Con esta frase me ocurre como con tantas cosas, que cuánto más las pienso menos sentido las encuentro. Quizá no sea demasiado inteligente pero me atrevo a reconocer que no la comprendo. Es más que evidente que las aguas de un río fluyen y que tan sólo hay un breve instante en el que pasan por delante de nosotros, efímero como tantos y tantos momentos que igualmente vívimos a lo largo de nuestra vida pero eso no desmonta el hecho de que, al contemplar desde la orilla, en otro instante, el lento discurrir del mismo río, se viva un momento similar o incluso mejorado. Definitivamente, y lo siento por el autor de la frase que, por cierto, desconozco, pero no logro encontrarle mejor sentido. No obstante, sí que me ha servido para ahondar en otro hecho que, a mí al menos, me parece que merece mucho más la pena.
Si hablamos de rios, me resulta curioso siempre que observo un río como puede ser mi querido Padre Duero, el hecho de que sigue su senda como sabiendo en todo momento hacía dónde se dirige. Puede venir más caudaloso o menos, más revuelto o con su verde profundo, pero siempre hacía Oporto donde el Atlántico le espera.
Esa es su misión, aquella para la que nace y para la que ha sido escogido. No hace falta encontrarle un porqué, es simplemente una pieza más de un insondable engranaje. Igual que cada uno de nosotros, piezas que han de seguir su senda por muy escondida que esté entre rocas, maleza, arboledas o montes.
Y cada senda es única, diferente, ajena o puede que cercana a otra pero siempre personal e intrasferible. Quizá por eso, me gusten muy poco aquellas personas que se meten en la vida de otros o sienten que tienen que hacer lo que hacen los demás, porque no siguen su senda, siguen la de otros comiendo únicamente polvo.
Puede que no sepamos realmente hacía dónde nos dirigimos, como le puede ocurrir al sabio río, pero si que debemos confiar que vamos hacía donde se nos espera. Yo, cada día me levanto teniendo la certeza de que es un día más que necesito vivir con todo su acontecer para seguir en el camino, así tenga preocupaciones, ocupaciones o pequeños quebrantos. Y sé también que para seguir mi particular escondida senda tengo que ser valiente y decidida e, incluso, correr algún que otro riesgo.
La vida en sí misma es una aventura. Podemos llegar hasta el mismísimo Océano o vivir serenamente en un pequeño estanque pero, al final, habremos llegado allí donde se nos espera.

Pilar Martinez ( Abril 2010)

Si fuera aire






Si fuera aire, ¿ hasta dónde iría?
Llegaría hasta tu espalda,muy despacio,
y con mi brisa ondulada y transparente,
te rodearía hasta que tú, por completo, me llenaras.
Silbaría en tu oído una canción
y esperaría que te dieras la vuelta,
buscando mi presencia detrás de tí,
para besar esa seda que cubre tus finos labios.
Y, esperaría, también, que volaras conmigo hacía un
lugar en el que a nadie le pareciera extraño ver al aire
fundirse contigo, en silencio,
únicamente silbando nuestro amor y nuestros nombres.
Si fuera aire, qué fácil sería envolverte
y tenerte junto a mí, pegado,
unidos los dos aunque sólo fuera un instante sin que,
a nadie le pareciera extraño que,
una brisa fuera quien te amara tanto.
Y, ahora que ya despierto...¡ Qué lástima no ser aire¡
Pilar Martínez, poema libre ( Abril 2010)

domingo, 25 de abril de 2010

Tu, eternamente


Si pudiera escoger entre el tú y el yo, te elegiría a tí.
¿ Por que?, porque si mi yo te acepta, estarías por siempre en mí.
Hasta en la ausencia te sentiría aunque mi yo quisiera sentirse completo con tu presencia.
Es el amor una doble dirección en el que dos almas en un punto se encuentran, cambian de sentido su vida para caminar juntas hacía el infinito.
Por eso, tu y yo, son una misma cosa, pero si tuviera que escoger, te elegiría a tí. Para siempre. Tu, eternamente...
Pilar Martinez ( abril 2010)

lunes, 19 de abril de 2010

Dentro de una jaula


Cuando veo animales dentro de una jaula y les observo en sus movimientos, me pregunto qué es lo que su pequeño cerebro les ordena hacer: si quedarse allí quietos, esperando y dejando el tiempo pasar o si bien les obliga a moverse en el vano intento de escapar y vivir de otro modo.
Miro sus ojillos, siempre brillantes y al tiempo huidizos, como si tuvieran miedo y me pregunto qué pensaran de mí, si soy un depredador que puede dañarles o incluso matarles, si soy su llave hacía la libertad o incluso un ser superior, casi un semi Dios para ellos. Y, ciertamente, allí, en su jaula, pareciera que estan a merced de una mano que tanto puede deñarles como cuidarles y sin otra posibilidad que aceptar la arbitraria voluntad de quien lo mantiene encerrado. La posibilidad de una vida libre para los animales enjaulados, a menudo la acompaña el descuido del enjaulador, un descuido que muchas veces también termina con la vida del animal pues de tanto vivir plegado a una jaula, la libertad le queda tan grande que lo aplasta.
Así nos ocurre también a nosotros, enjaulados entre unos barrotes desde los cuales observamos el mundo y sus posibilidades, adaptados a nuestras jaulas al tiempo que miramos alrededor pregúntadonos muchas veces cómo sería la vida fuera de nuestra jaula.
Algunas veces ocurre que la vida abre la puerta de nuestra jaula para que salgamos y volemos hacía algún lugar, sin embargo, no siempre tomamos la puerta. Nos quedamos indecisos pensando si es mejor salir o quedarse, al fin y al cabo, cuando se sobrevive en una jaula es porque lo necesario no nos falta y ¿ Cómo renunciar a ese cómodo dispensar de nuestras básicas necesidades?,¿ Y si fuera de la jaula no lo encontramos tan facilmente?, ¿ Hacía dónde ir?, cuántas cuestiones se hacen eco en nuestra inseguridad y en nuestros miedos.
Cuantas personas viven enjauladas al tiempo que tienen la posibilidad de cruzar el umbral de la portezuela de su jaula sin atreverse a ir más allá. Y cuantas también lo intentan a pesar de sentir clavados los barrotes en su anhelante vida.
Otros, en cambio, esperan. Esperan igual que las aves, con ojos brillantes de esperanza tras los barrotillos finos de la jaula al tiempo que huidizos para no dejar entrever sus ganas de libertad y ser afrecho de reproches.
Cuántos viven dentro de una jaula, acomodados, parapetados en convencionalismos, encuadrados en " lo ideal", pagando un precio incalculable a base de tiempo y tiempo, pero deseando en lo más hondo de su alma salir de ella y emprender el vuelo hacía otro modo de vivir.
Demasiados, más seguramente de lo que creemos. A muchos les falta valentía, el arrojo de salir a cielo abierto unicamente con lo que son. Y es que, el precio de la libertad, puede ser muy alto, tanto como el abanico de posibilidades que puede abrirse delante nuestro, pero cabe preguntarse cada uno de nosotros; si alguien abriera la puerta de nuestra jaula y nos invitara a salir
¿ Saldríamos al cielo raso para volar hacía otro horizonte? ...
Pilar Martinez Fernandez.