viernes, 28 de agosto de 2009

" Milagros y Palabras"




En mi vida se han obrado pequeños milagros. He aprendido a cuidar plantas, he descubierto que podía cantar, también bailar, hacer bonitas fotografías, pero sin duda el más notorio ha sido descubrir que podía escribir.” ( Pilar Martínez)




Hay cosas que parecen pequeñas siendo grandes,
tan cotidianas que sorprende
saberlas un regalo,
tan nuevas cuando alientan en su misión al alma
con la fe de un milagro,
que se encienden los ojos
aturdidos
por todo ese poder precipitado.
Entonces, susurrando entre los dedos,
las palabras se vuelven locas
por coronar la cima
donde sostiene el corazón la luna,
haciéndose posible
cultivar la ilusión
que germina en las páginas
de ese libro
titulado: “ La Vida”
Alicia de M G

miércoles, 19 de agosto de 2009

Iscar Medieval





















Iscar, dos días en el medievo

Una de las épocas que más atrae últimamente recrear y traer al presente es la Edad Media.
Mercados, representaciones, calles de pueblos decoradas, gente ataviada con trajes de labranza, caballeros, damas, escuderos, mercaderes, animales...todo aparece de pronto en un lugar como si de un plumazo hubieran retrocedido en el tiempo y se instalaran en pleno medievo.
En realidad y aunque la ilusión nos lleve a pensar que por arte de magia un pueblo puede hacer tal regresión en el tiempo sin más, lo cierto es que en muchos casos se trata de un golpe de tuerca para promocionar ese atractivo que ya de por sí tienen muchos pueblos e incluso para mostrar los vestigios que conservan de aquellos tiempos, dicho de otro modo, una ocurrente manera de ensalzar lo que se tiene y al mismo tiempo de llamar al visitante y dar proyección al lugar haciendo que por unos días, unas calles, una muralla o una fortaleza, sean el escenario perfecto de la rutina y sociedad medieval.

Un ejemplo de ello es Iscar, un pueblo al sureste de Valladolid que limita con Segovia, en plena Tierra de Pinares.
En lo alto de uno de sus cerros tiene un castillo gótico del siglo XV asentado, según afirman, sobre ruinas del siglo XIII con una torre del homenaje cuya singularidad es un planta pentagonal en piedra de sillería y rodeada por una muralla que ocupa todo el perímetro de dicho cerro.

En 1998 después de cierto aletargamiento con respecto a la conservación del rico patrimonio artístico y arquitectónico que posee Castilla y León, se descubren algunas estancias del castillo y desde ese momento hasta hoy, todos los esfuerzos se aúnan para trabajar en su continua rehabilitación, motivo que ha llevado a la villa de Iscar a celebrar durante once años consecutivos una feria medieval.

Una feria para una noble causa

En la edición de este año 2009, durante los días 4 y 5 de Julio el castillo de Iscar volvió a convertirse en toda una fortaleza del medievo. En su XI edición, el lema fue “ Maestro y aprendiz”, una temática cuya pretensión fue traer a nuestros tiempos aquellas viejas costumbres y oficios que marcaron la cotidianidad de una sociedad artesana por antonomasia pues, del mismo modo que eran capaces de elaborar quesos, dulces o jabones para su propia autoabastecimiento, podían trabajar con maestría el cuero, los metales, el cristal o incluso el mármol para hacer figuras.
La idea, un año más, no se centró en hacer una feria comercial, sino de trabajo. He aquí lo llamativo de esta feria y retrospectiva al pasado en la que se envuelve Íscar. No se trata de un mercado en el que comprar, simplemente. No; las normas de la feria establecían muy explícitamente en su programación el fin principal: la recaudación a través de la venta en los diferentes puestos de sus artículos, tales como collares, pulseras, dulces, quesos...etc, para continuar con la rehabilitación del castillo, presentando a su vez oficios antiguos con el propósito de rememorar y a la vez ilustrar sobre ellos en el presente.
Cabe decir que, todos los oficios y artes medievales, llegan a nuestro tiempo como no puede ser de otra manera: como un legado trasmitido de generación en generación de padres a hijos. De ahí el lema “ Maestro y aprendiz”. Tan necesario es el maestro como aquel que está dispuesto a aprender para no perder viejos oficios.
Así se trató de hacer en esta feria y a quién hasta allí se acercó pudo ver, por ejemplo, a un escultor trabajando en mármol a golpe de cortafrío y martillo, a un artesano dando forma al cristal con fuego, talleres de cocina tradicional, de alfarería, de imprenta, de extracción de resinas, de caligrafía, de elaboración de pan, queso...
Pero, del mismo modo, es llamativo y digno de mencionar otra singularidad de esta feria medieval; para comerciar en el mercado, durante esos dos días, los euros se convirtieron en maravedíes, acuñados especialmente para esta feria.
Se trató simplemente de una recreación más sin que hubiera coste añadido o gravamen para los artesanos y los compradores. En un puesto se ubicó una banca dónde se efectuaban los cambios además de haber cambistas por todo el recinto ferial situado en el castillo.

De armas y caballeros

Pero una feria medieval sin caballeros y armas, no es completa. En las inmediaciones del castillo de Iscar también pudo verse una escuela de caballeros en la cual se hicieron pruebas de formación y entrenamiento.
De igual manera, hubo demostraciones y prácticas de trabuchete, tiro con arco, espadas, tiro con catapulta e incluso, ya más con carácter de juego para los niños, pequejustas.
Y como no podía faltar en toda recreación medieval que se precie, hubo hasta nombramiento de caballeros y juramento del alcaide de la fortaleza, recayendo esta vez tan honorífico cargo en el periodista y director de la revista ARGI, Javier Pérez Andrés, quién en su alocución juró preservar la fortaleza con entusiasmo y determinación durante todo el año que durara su mandato
.

Todo un teatro

Si algo puede resumir con absoluta rotundidad los dos días que vivió Iscar y los iscarienses en torno a su castillo y su feria medieval, es el teatro en toda su más amplia recreación.
La fortaleza, ya de entrada ofrece el mejor escenario para meterse sin mucho esfuerzo en un ambiente totalmente costumbrista de tan remotos tiempos, pero es encomiable el esfuerzo y el despliegue de medios que pudo verse durante la XI Feria Medieval de Iscar, pues consiguió una vez más envolver al visitante que llegó como mero observador y se marchó conociendo los usos y costumbres medievales gracias a la teatralización constante de todo aquello que fue cotidiano en la Edad Media, un ejemplo que, afortunadamente, siguen hoy muchos pueblos en España y que sirve una vez más para no perder nuestro bagaje cultural e histórico.



Texto: Pilar Martinez Fernandez.
Reportaje gráfico: Pilar Martinez Fernandez
.

Información: Oficina Municipal de Turismo
www.villadeiscar.es
983.612.703

Plenitudes










"Plenitudes":




I




Hay un hombre


que cae por mi pelo


sin que sea preciso


un conjuro de luna.




Un hombre


que crece en la tormenta


para llenarme la calle


de arco iris.




Un hombre


que vive


y se hace lágrima


al sostener los sueños


si en soledad me añora.




Un hombre al fin y al cabo,


pero desnuda


ante su noche soy,


no necesito ninguna aurora.

II




Nazco cristal,


una transparencia en el viento


asimilando los colores,


un silencio en la brisa


hasta vibrar en los sonidos.


Opaca ante el talud,


la comprensión aún velada


se ruboriza en los espejos


queriendo ser,


mientras dibujo


de los pájaros


solamente las alas.




III




Cuánta simplicida ante el instante


en el que se detiene


el tiempo.




El aire de la mente se desmaya


ahogado en la emoción


que despliega el deseo.




Entonces giro


en el vértigo impoderable


que describre la órbita,


de su universo.




IV




Tomando la ceguera


que me marca por años,


voy a crear la iluminaria


que para siempre


ilumine este instante


en el que puedo,


por fin,


llegar a verle.




Alicia M.G

martes, 18 de agosto de 2009





Un espacio muy especial en este " vuestro rincón de las palabras" para la poesía íntima y sútil de Alicia. Conocerla ha sido todo un hallazgo para mí pues la poesía es un mundo en el que me siento verdaderamente en pañales como escritora. Deseo aprender al tiempo que también deseo compartir, por eso abro este estante a quienes seguís con interés y fidelidad este blog, para que al tiempo que yo descubro a Alicia, lo hagais también vosotros. Pediros, eso sí, que no os conformeis con leer. Tanto Alicia como yo estamos aprendiendo y necesitamos la critica constructiva y vuestra opinión sincera. Dejad que vuestro corazón hable, dejad que vuestras palabras digan...no os importen las formas ni si escribís bien o mal. No es tan necesaria la forma como el contenido y siempre es mejor, en este caso, la espontaneidad que la idoneidad. No se os pide que seais escritores, sino lectores y de los buenos, de los criticos que buscan siempre sorprenderse.

Con tu permiso, Alicia y con todo mi apoyo y cariño, aqui van tus sonetos de esos poemarios que has compartido conmigo.

" Contando historias a la luz de un farol"

I

Como noche que abarca todo el día

es tu ausencia en la luz del sentimiento,

un silencio que llega con el viento

a la ventana en su melancolía.

Ni siquiera una lenta melodía

que acaricie al cansado pensamiento,

en este divagar, ya sin aliento,

que no cesa jamás en su porfía.

Necio intento, febril, un desatino

para este corazón enamorado,

abierto al avatar de su destino.

Esperando ese gesto inesperado

que dibuje de nuevo en su camino

otro cuento de amor ilusionado.

II

Dónde te escribiría, ¿dónde?, dime...

que estuviera mi piel ante tus ojos

y los dedos, preñándose de antojos,

con palabras crecieran mientras gime,

el latido, en la voz que lo redime.

Que el corazón, sujeto en hilos rojos,

va tornando en locura los enojos

al no hallar un lugar (latir sublime)

donde aunar los sentidos para ti.

Que anochece y la luz busca un retiro

para irse a dormir y, desde allí,

lanza el último y mágico suspiro

que llega desmayándose hasta aquí

y, queriendo atraparlo, lo respiro...

lento... lento... lo inspiro...

y, de pronto, se vuelve carmesí.

¿Dónde te escribo ahora? Dónde... di.

III

Tiene que ser amor esto que siento,

tiene que serlo, sí, nada he forzado,

fluye sin más tan libre al ser tocado

que eleva la pasión al sentimiento.

Apasionada, sí, no lo lamento,

aunque se vuelva llaga en mi costado

o ese infierno de un cielo encapotado

que agita la razón y el pensamiento.

Tiene que ser amor después de todo,

tiene que serlo, nada está prohibido,

si despierta a la vida y de este modo

cómplice es sin temor de mi latido.

Que si no lo sostiene un acto puro

sólo cabe pensar en un conjuro.

IV

Hoy que tengo los pasos más tranquilos

voy sintiendo de pronto al caminar

cómo tiemblan las hojas con el viento

cuando inquieto las besa en soledad.

Cómo huele el almendro enamorado

en la noche de luces sin cristal

cuando seduce el pensamiento al aire

para nombrarte amor, una vez más.

Sintiendo cómo un verso que parece

prendido en el misterio de la luna

se descuelga aturdido hasta mis labios,

para volverse el dueño en un segundo

de este cuento que nace acariciándome,

como el placer, desnudo ante tus ojos.

" Pasion de luna y agua"

No puedo ni pensar... y estoy pensando

dónde estarás, amor, dónde habrás ido,

te presiente la noche tan perdido

que cada estrella en mi te va buscando.

No quiero más llorar... y voy llorando

como fuente que mana en el latido,

queriéndole arrancar algún sentido

que encienda la razón (pues ciega ando).

Son tristes ventanales hoy los ojos,

cristales empañados que humedecen

el fuego al perfilar los labios rojos.

Pasión de luna y agua donde crecen

las ansias de salvarse en los antojos

que anidan emociones y amanecen.

" Metapoesía"

I

La palabra es rumor sobre la mano:

un instante mojado y transparente

que no deja mi alma indiferente

si al pronunciarla siento que la gano.

Me quema como el sol en el verano

si presa de añoranza va doliente

para mostrarse al rato sugerente

frente a la magia oculta del arcano,

cuando la noche muere en alborada

e inquieta como novia ante su boda,

sobre un papel en blanco convocada,

bebe la luz y a mí se entrega toda.

Luna en la piel que eleva lo vivido

de las sombras calladas del olvido.



II

Desnudo en el papel y silencioso,

apenas un esbozo ilusionado,

el verso busca un sueño (o un pecado)

para volverse en ellos poderoso.

Busca unos ojos tristes y celoso

se queda en una lágrima atrapado,

luego sobre un suspiro liberado

eleva el corazón como un coloso.

Busca en el pensamiento algún camino

para cruzar sin dudas la frontera,

cuando se sienta al pie de su destino

retado por la sombra en su quimera:

quiere ser el carbón ya cristalino

o chispas sobre el fuego de la hoguera.

III

Cuánto silencio pasa sobre el fuego

en cada noche que de letras ando,

cuánto misterio va por mi rodando

para acunar este desasosiego.

Cuánto sentir y cuánto desapego

que van cayendo sobre el suelo, en blando,

cuánto el anhelo que pregunta cuándo

retornará la vista al ojo ciego.

Cuánto más tiempo seguiré postrada

ante un papel sin mancha... cuánto apuro

será expresión sobre la madrugada.

Cuánto traspié doliente e inseguro…

que, si me guía la corazonada,

veré caer sobre mi piel seguro.



miércoles, 22 de julio de 2009

Simancas, las huellas de su leyenda

























Muchos son los pueblos que, entre su más enraizada tradición y cultura popular, guardan en la memoria y con orgullo leyendas de batallas y gallardías que, además de ennoblecerles, dejaron su impronta en el acontecer de la historia.
A medio camino entre lo heroico y lo legendario, cuentan que a escasos kilómetros de Valladolid, en un altozano a orillas del rio Pisuerga, una villa decidió poner fin a una injusticia con determinación y valentía.
De lo que allí aconteció, la mujer tuvo relevante importancia pues fue su rebeldía en aras de su honor la que afloró en contra del acatamiento y sumisión que por su condición se le exigía.
Es, por tanto, de rigor y justicia conocer lo que ennobleció a este pueblo y lo que le llevó a llamarse como se llama, pues no es casualidad dicho nombre ni un simple juego de palabras, sino consecuencia de unos hechos que por sus mujeres y a ultranza, dio en llamarse...Simancas.

La Leyenda de “ Las siete doncellas de Simancas”
La Leyenda de “ Las siete doncellas de Simancas”Cuentan que en Simancas, Bureva para los moros, Abderramán salió mal parado.Pidió doncellas el rey moro y hasta allí fue a buscarlas, pero en lugar de doncellas, lo que encontró en la villa fueron lanzas y la peor de sus batallas.Y es que la historia dice que, precisamente por vencer Abderramán II al Rey Ramiro I del Reino de León en la guerra que mantenían, el rey moro le exigió al rey cristiano un tributo que debía pagar con premura y sin dilación.No queriendo el rey Ramiro más guerra sino paz, decidió cumplir con el tributo, más el pago era grave pues no se trataba de dineros ni salarios sino de cien doncellas de todo su reino cada año.Pero bien es sabido que, una cosa es lo que manda un rey y otra bien distinta lo que debe acatar su pueblo y he aquí que en esta ocasión, el rey cristiano pese a no querer soliviantar al emir moro ni querer más guerras, habría de enfrentarse de nuevo a él pues, aunque aceptó, efectivamente, dar tal contribución con cien jóvenes doncellas de todo su reino, no lo aceptó así la villa de Bureva que al saberse proveedora de tal tributo con sus doncellas, decidió rebelarse y poner fin a tan vil impuesto. Así pues, es menester contar los hechos tal y cómo acontecieron.
“ A la villa le llegó el requerimiento de siete de sus doncellas, el número de muchachas que en equivalencia les correspondía de las cien que se requería.Las autoridades lo hicieron saber al pueblo siendo pedidas a tal efecto y para posterior sorteo, hermanas, hijas y parientas en edad de casamiento.Conocidos los insidiosos deseos del rey moro con sus honrosas doncellas, la aflicción se apoderó de las gentes y el temor corrió por las calles y casas de Bureva pues en casi todas había una joven doncella que podía, pobre de ella, ser requerida y sorteada.Para evitar huidas, en las puertas de las casas de jóvenes casaderas, se aposentaron centinelas hasta el día del sorteo mientras los parientes, padres, madres y hermanos acudían a la iglesia para pedirle a Dios que librara de tan miserable destino a quien con tanto desvelo guardaban en casa.Pero como a todo requerimiento le llega el momento de cumplir con lo requerido, llegó el temido día del sorteo y en la plaza todos se reunieron para escuchar de las autoridades los nombres de las siete doncellas.Siete salieron y siete nombres se escucharon con temor:Leonor, Lucía, Laura, Eva, Isabel, Yolanda y, por último, Inmaculada.Al instante, lamentos y gritos clamando al cielo de los padres, hermanos y parientes de las siete jóvenes desgraciadas cuyos nombres se anunciaron en tan aciago momento.Tantas suplicas habían sido vanas. Sin remedio se las llevaban para encerrarlas en la torre del castillo hasta el día que, al rey moro, le fueran entregadas.Cuentan que iban las doncellas llorosas y desgreñadas, con los ojos enrojecidos y descompuesto el rostro, mientras las madres iban detrás, gritando y maldiciendo al rey moro por querer quitarles¡ ay de sus pobres niñas¡, toda su virtud y honra.En la torre del castillo las siete quedan confinadas, suspirando y llorando sin consuelo, hasta que la mayor, la más gallarda, después de enjugar sus lágrimas, a sus compañeras muy resuelta les dijo:“ Desventuradas doncellas, quién en el mundo pensó que para echar a los perros estáis vosotras y yo. Más valiera morir que aceptar lo que se aceptó, cortémonos pues las manos, la primera seré yo”.Cortémonos los cabellos, cortémonos pues las manos, desfiguremos los rostros con la sangre que manemos.Pongámonos horrorosas y así no querrán llevarnos, no querrán tomar favor si el cuerpo desfiguramos”.De tales palabras, la leyenda dice que las otras seis doncellas con sendos cuchillos que sacaron se cortaron los cabellos y el rostro desfiguraron, más la mayor que había hablado, con un golpe firme y certero se cortó una de sus manos.Viendo aquello las otras seis, tampoco vacilaron. Una a una fueron imitando a la mayor cortándose, todas, una de sus manos. Y cuentan que en la celda de aquella torre, siete gritos de dolor se escucharon; el de siete doncellas que, con honra y por su honor, mancas se quedaron.Más la cosa no quedó en esta determinación. El pueblo enseguida supo lo ocurrido con sus jóvenes mujeres y decidió tomar partido al tiempo que, a los moros, de Bureva les llegaba la noticia que siete doncellas agonizaban mancas por negarse a ser entregadas.El pueblo exaltado estaba decidido a defender a sus siete doncellas que en el castillo, y con tanta determinación, sus manos habían cortado.A las puertas del castillo, llegaron los moros dispuestos a llevárselas por la fuerza, más lo que vieron, no les gustó.En la celda encontraron los moros a las siete doncellas, en estado de agonía, desfiguradas y mancas.Viéndolas así el rey moro dice:“ Si mancas me las dais, mancas no las quiero”.Y enseguida ordenó a los que gobernaban la elección de otras siete doncellas que sustituyeran a las que se habían quedado desfiguradas, desgreñadas y mancas.Pero a los que allí gobernaban, este segundo requerimiento les pareció del todo desmesurado y acordaron dar cuentas al Rey Ramiro no sólo de la nueva exigencia de Abderraman II, sino de lo acontecido en el pueblo con las doncellas que habían sido requeridas y que, con arrojo habían decido quedarse mancas antes que ser entregadas al rey moro.A tal cuestión, el rey cristiano en silencio escucha las malas noticias que de Bureva llegan. También lo escucha la corte.Los rostros se crispan. Se piensa en la venganza. Una voz alta y firme se alza a los presentes:“ Qué hacemos los hombres quietos, cuándo las tiernas doncellas solas defienden su honra. Solas con gran entereza.Ejemplo nos dan a todos aguerridos caballeros (....), y nos dicen que por su honra volvamos.”A esto, los caballeros en la corte responden y deciden que han de luchar como nobles por la honra de sus pueblos y sus mujeres, declarando la guerra a los moros pues por honor mil veces prefieren morir como nobles caballeros que vivir como cobardes.El rey moro intenta negociar pidiendo los quinientos sueldos que el rey Ramiro I había ofrecido por cada una de las cien doncellas si no cumplía el acuerdo. Pero el pueblo había hablado por boca y determinación de sus mujeres y al moro negó uno y otro tributo retándole a que viniera a tomarlo de las puntas de sus lanzas pues no iban a permitir más ni tributos ni amenazas.Se levantan pues en armas todos los caballeros de pueblos y ciudades y hacía Bureva parten de todos los lugares para defender a sus doncellas, a las cien de todos los pueblos, a las siete que quedaron mancas por gallardas.
Posteriormente, ya en el 939, 6 de agosto para más reseña en el acontecer de la historia, se libraría la famosa batalla " Del barranco".
Nada obtuvieron los reyes y caudillos moros a partir de aquello, ni doncellas ni tributo. De Simancas salieron huyendo con sus tropas, dicen que hacía Zamora, más nunca olvidaron los moros que, en Bureva, tanto les humillarán.Cuenta la tradición que, las doncellas cristianas, a sus casas no regresaron. En un convento de monjas, mancas y vírgenes quedaron.De esta historia curiosa y ejemplar, Bureva, el pueblo de las Siete Mancas, su nombre por el de Simancas cambió y esta coplilla salió:
“ Por librarse de paganoslas siete doncellas mancasse cortaron sendas manosy las tienen los cristianospor sus armas en Simancas”.
Y así ha sido y así se cuenta. En el escudo de Simancas, siete manos de siete doncellas gallardas, que por honor prefirieron quedarse mancas que ser, para un rey moro, vulgares esclavas...
Texto libre recreado y entresacado de la “leyenda de las Siete Doncellas de Simancas” de Francisco Javier Alonso Del Pino, del cuál se incluyen algunos pequeños fragmentos y que se puede leer íntegramente tal y como magistralmente la ha escrito su autor después de una exhaustiva labor documental en http://www.valladolid-es.info/leyenda-simancas.htm http://www.aytosimancas.es/desarrolloSecciones.php?art_id=14.




Huellas de la leyenda

Simancas, después de lo contado, es un lugar en el que vale la pena hacer parada y fonda. No debemos conformarnos con la estampa que ofrece al viajero desde la carretera, es casi obligado llegar a los pies de su castillo y caminar siguiendo las huellas que ya desde la propia calzada podemos ver marcadas para guiarnos y revelarnos paso a paso lo que, a pesar de tantos años transcurridos, perdura de su leyenda.

Siete manos blancas, puras como lo fueron las siete doncellas de Simancas, nos inician en un recorrido por las calles de una villa que conserva un sabor medieval castellano muy singular.
Calles empedradas y estrechas bajo las almenas y torres vigía del castillo, hoy archivo nacional histórico, nos llevan a imaginar sin mucho esfuerzo el pulso y sentir de un pueblo que no sólo tuvo el coraje de defenderse de la caprichosa e indolente política mora, sino también de conservar su propia identidad y carácter.

Todo en Simancas recuerda a “ sus mancas y su valiente arrojo: un monolito en relieve con un epitafio en letras doradas. Escudos de la villa por doquier con siete manos como emblema principal. Un templete sostenido por siete columnas de piedra y, como no, un puente romano peinando el río Pisuerga con sus ojos ojivales de piedra desde el cual es fácil recrear ese paso firme y decidido de los caballeros cristianos al frente del Rey Ramiro cruzándolo para defender el honor de “ sus doncellas”.

No obstante, no todas las huellas son visibles. A menudo son las propias gentes quienes mejor pueden ilustrarnos de los secretos a voces que guarda un lugar, pero no es menos cierto que, también a veces, la propia indiferencia de algunos de los que pueblan un lugar, o quizá la inconsciencia, pueden borrar para siempre lo que bien hubieran podido conservar e ilustrar su bagaje histórico.

En viejas guías aparece una fuente homenaje al labrador con siete grifos simulando siete manos. Es tarea inútil buscar esta fuente en el lugar que se asentaba, un espacio privilegiado en medio de la Plaza Mayor junto al templete. Hay ocasiones en las que, las remodelaciones y restauraciones, trastean y anulan significativos emblemas en aras de lo funcional sin tener en cuenta no sólo el valor de lo añejo, sino lo que enriquece y nutre a la propia identidad del lugar. Esta fuente, por alguna razón, a quienes proyectaron la remodelación de la Plaza Mayor, les estorbaba y decidieron quitarla, eliminando un elemento cuándo menos interesante y curioso pues además de la peculiaridad de sus grifos recordando la leyenda, estéticamente era digna de contemplar por sus escalonadas piletas por las que discurría el agua hasta culminar, como no podía ser menos tratándose de un homenaje al labrador, de un arado forjado en hierro.

Pero de lo perdido, ya no hay remedio. En Simancas, sólo alguna foto de “ La Fuente del Labrador” puede completar la búsqueda de esas huellas que recuerdan la leyenda además, naturalmente, del testimonio de la gente del propio pueblo.

Otros vestigios visibles

Aunque todo parece apuntar como hecho más relevante cuánto aconteció de la leyenda, lo cierto es que Simancas conserva otros vestigios más remotos.

A escasa distancia del núcleo poblacional se encuentra El sepulcro colectivo de Corredor de Los Zumacales, un fenómeno megalítico enclavado en lo que se hace llamar el Valle Medio del Duero y en el cual se encontró un dolmen de aquellos tiempos prehistóricos.
Del mismo modo cabe también tener en cuenta que, Simancas, quizá por su estratégica situación a modo de minarete de la vega del rio Pisuerga, fue lugar escogido como asentamiento por los vacceos, los romanos y los musulmanes, condición y circunstancia que, inevitablemente, dejó sus marcas y rastros que, en su conjunto, dotan a esta villa de un impresionante interés cultural, histórico e incluso popular.

Tambien cuentan que...

...Simancas, tiene horadadas sus entrañas y que, en tiempo de la ocupación mora, existía un pasadizo que recorría enteramente Simancas desde el foso del castillo hasta el mismo río y que servía de conducto y vía de escape en tiempos de la ocupación musulmana.
Los viejos del lugar aseguran la existencia de ese pasadizo conocido por “ La cueva de la mora”. Hoy es difícil hallar ese corredor íntegramente pues, Simancas, también se caracteriza por las bodegas subterráneas que albergan muchas casas y existen infinidad de puertas que franquean aquello que, en origen, fue dicho conducto hacía el río desde el castillo, pero de la leyenda dan fe y toma su nombre los propietarios del Pub “ La cueva de la mora”, un lugar de encuentro y de música en directo en un marco incomparable pues, no sólo el local está decorado con gusto y es acogedor, sino que además ofrece la posibilidad de disfrutar de una copa o un buen vino en un lugar, quizá único en España, pues puede decir sin presunción ni mentira que tiene un castillo en su terraza.
Así es como se invita al visitante si leemos un letrero al principio de la empinada Calle del Archivo dónde se encuentra ubicado este pub : “ Tenemos un castillo en la terraza”. Y es que, con sólo levantar la vista, el impresionante castillo irrumpe presidiendo la más inmediata panorámica, haciéndonos una vez más participe de lo singular que ofrece esta villa si nos detenemos a mirarla.

Recomendable, desde luego, acercarse hasta este pub para conocer de primera mano otra pequeña leyenda que se cuenta en Simancas además de pasar un buen rato en un local pintoresco y con buena música.

Siete “ síes” en Simancas.

Así pues, y si es menester del viajero, parar en Simancas, siete “ síes” es de rigor recomendar además de empaparse de la leyenda de sus siete doncellas mancas y seguir sus huellas.

El primero, su castillo medieval, más con porte de palacio que fortaleza militar casi tocando ese inmenso cielo azul que acostumbra a verse en Castilla cuándo el tiempo es de bonanza.
Alberga el archivo histórico nacional motivo que impide entrar en su interior y visitarlo pues sólo se permite la entrada a investigadores e historiadores acreditados, pero aún así, merece la pena llegar hasta sus puertas para, comprobar in situ, su imponente envergadura.

El segundo, el “ hospital”; un modesto edificio del siglo XVI que se fundó para recoger y curar a pobres, forasteros y huérfanos de la Villa y que cerró sus puestas en el año 1840. En su fachada se pueden ver sendos escudos: uno el de la villa y otro el emblema de “ El divino pastor”.

El tercer “ sí”, para la Iglesia de San Salvador, un templo abierto no sólo para la oración y el culto sino también para descubrir pequeñas joyas religiosas y litúrgicas guardadas bajo la penumbra y el olor a incienso de sus muros de piedra.

El cuarto, el rollo jurisdiccional; un pequeño monolito que descubrimos tras caminar por estrechas callejuelas hasta una balconada abierta a la inmensa panorámica que ofrece la ribera del Pisuerga. Este mojón recuerda los litigios que también el pueblo mantuvo por su jurisdicción y de la cuál le eximió definitivamente Felipe II.

El quinto “ sí”, viene acompañado de un profundo río; El Puente Medieval cruzando el Pisuerga de una a otra orilla.
Llegar hasta su pasarela de piedra y verlo tan robusto, inevitablemente lleva a preguntarse cómo ha podido resistir el paso del tiempo, siendo como ha sido hasta hace bien poco, paso casi obligado de tráfico rodado para quienes llegaban al pueblo por El Camino Viejo de Simancas, como se conoce por allí a la otra carretera que lleva a Valladolid.

El sexto y séptimo “sí”, han de venir unidos casi como colofón a todo un derroche de historia al tiempo que se busca, si el estómago y la sed lo pide, un lugar dónde dar gusto al buen yantar y al buen beber. Varios son los restaurantes y mesones que salpican Simancas, pero no es menos cierto que llegar a la Plaza Mayor es sin ninguna duda encontrarlo definitivamente todo para dar por bien cumplida la visita a la Villa.
Restaurantes y bares nos esperan junto al Ayuntamiento, un edificio de corte neoclásico con soportales y escudo real que mira de soslayo a un templete sostenido por siete columnas de piedra y que ha sido y lo seguirá siendo gracias a que no ha sucumbido por fortuna a la vil piqueta, testigo y cómplice de fiestas y tradiciones que al uso se celebran el 6 de agosto con la recreación del requerimiento de la siete doncellas y en la semana del 8 de septiembre en honor a Nuestra Señora del Arrabal con encierros, capeas y bailes.

Asi pues, caminante y viajero, si usted llega hasta esta villa desde el Sur, desde el Norte, Este u Oeste o desde el extranjero, dígale “ Sí” a Simancas, pues de aquello que dijo Abderraman II, “ Si mancas me las dais, mancas no las quiero”, surgió la leyenda que dio gloria y honor a este pueblo en aquel tiempo.

Pero no duden vuestras mercedes que, la gloria perdura en el tiempo en la misma medida que la conocemos, recordamos y, por supuesto, la conservamos. La leyenda de un pueblo y de sus siete doncellas mancas, después de lo contado, en nuestras manos, y nunca mejor dicho, queda.



Texto y narración:

Pilar Martinez Fernandez.

Reportaje gráfico:

Ángel Gomez
Fotografía Villagrá ( foto de la Fuente del Labrador).

Agradecimientos:

Oficina de Turismo de Simancas
Elena Hernandez de la Iglesia ( guía de la oficina municipal de turismo de Simancas).
Pub “ La Cueva de la Mora”.


Aclaraciones y puntualizaciones al articulo:
la leyenda de las siete doncellas. Esta tiene lugar en la época de Ramiro I y Abderramán II. La Batalla de Simancas se da entre Ramiro II y Abderramán III, en el año 939, casi un siglo después, mientras que Almanzor, militar y caudillo del califato de Córdoba es aún posterior, habría que situar sus actuaciones a finales del siglo X.





lunes, 13 de julio de 2009

Cuellar
















Otro lugar capaz de transportarnos a otro tiempo con la imaginación es Cuellar. La labor de rehabilitación de su castillo y el entorno que lo rodea es todo un ejemplo a seguir en esa obligada tarea de procurar conservar el rico y extenso patrimonio histórico Castellano Leonés.
Famosa esta villa por sus encierros en las fiesta patronales de Agosto, de los cuales se dice que fueron los primeros en hacerce, antes incluso de los archiconocidos San Fermines.
La jota de Cuellar, así dice:
" Vamos a Cuellar, a los encierros
dame la mano que yo te llevo,
que yo te llevo y te de brindar
el primer toro al alborear"
Texto: Pilar Martinez
Fotos: Pilar Martinez

Santuario de El Henar











Muchos son los lugares que invitan al silencio, el mejor modo, según dicen, de escucharse a uno mismo y a Dios.



El Santuario de El Henar en Segovia, es uno de esos lugares en los que la sobriedad y recogimiento que acompaña a los conventos y monasterios, se rodea de la más vivaz naturaleza para ser cómplice de la espiritualidad.


Perteneciente a los padres Carmelitas, este monasterio y santuario está situado a escasos 5 kilómetros de Cuellar. Si llegamos desde Viloria del Henar, es curioso el contraste después de seguir la carretera por el páramo. De repente, en una hondonada verde y repleta de árboles de diferentes variedades, a un lateral y presidiendolo todo, aparece la españada del monasterio para luego abrirse completamente a nuestra mirada soberbio y sereno.


Es de rigor traspasar los muros subiendo por la escalinata de piedra de la entrada. No es visita completa si no acudimos a la llamada de la Virgen de El Henar.


Muchos segovianos la veneran, la piden gracias y favores y llevan a sus hijos para pedir su protección.


En su camarín la Virgen recibe los besos de sus devotos al tiempo que también le llevan flores y algún que otro parabien en virtud y gratitud por alguna gracia concedida.


Pero conviene conocer, ya que hasta allí llegamos, su particular leyenda:


" Dicen que la imagen de la Virgen fue traída desde Antioquía el año 67 de nuestra era y que enterrada ante la invasión musulmana, se apareció a un pastor en el año 1580. Cuentan que en esta aparición, allí dónde puso los pies la Virgen, empezó a brotar agua.

En ese lugar hay una fuente cuyo manantial no ha dejado desde entonces de brotar agua. De La Fuente del Cirio, es costumbre de las gentes calmar allí su sed y llenar garrafas pues parece ser que, según la fe que, esa agua además de rica, es bendita y purifica."

Despues de conocer esta leyenda, es fácil comprender que en este lugar, la naturaleza esté vigorosa y parezca un vergel en medio de lo secano del páramo que lo rodea. Allí donde el agua habita, todo se vivifica...
Texto: Pilar Martinez
Fotos: Pilar Martinez.









viernes, 10 de julio de 2009

San Bernardo


En San Bernardo, Valladolid, hallamos entre árboles agazapado, el Monasterio de Valbuena, sede permanente, al menos hasta ahora, de Las Edades del Hombre.
Este monasterio cisterciense, en otro tiempo, estaba mordido por el abandono. Caídos algunos de sus muros, artesonados hundidos, espacios con huellas corrosivas marcadas por un tiempo de nula servidumbre, pero sobre todo olvidado por quienes debieron preservar mejor y con más empeño la riqueza del patrimonio castellano leonés.
Hoy luce lozano y soberbio en medio de la campiña vinícola del Ribera del Duero, muy cerca de Pesquera de Duero.
El monasterio de Valbuena, fue el gran escogido para albergar la Fundación de las Edades del Hombre, motivo que dio lugar a su restauración y espectacular recuperación.
Mucho fue lo invertido a tal fin, pero por bien empleado se considera si, como debe ser, dicha Fundación y sede no deciden, como se anda pensando, trasladarlo a otro lugar.
Se barrunta Zamora, quizá por focalizarlo en una capital castellana muy ligada también al Duero y al arte religioso, sin embargo, por los pagos de San Bernardo y por añadidura a toda la provincia vallisoletana, no agrada esa posibilidad pues cuándo algo bueno se instala, nadie quiere dejarlo marchar. No hay motivo tácito que convenza de tal posibilidad, tan solo la arbitrariedad de quienes por complacer a unos, anulan la acogida de otros.

Peñafiel





Peñafiel, un lugar emblemático. La evidencia de toda una seña de identidad de mi querida Castilla; sus fortalezas, solemnes, regías, oteadoras de un horizonte distante pero siempre llamando al viajero para arroparlo del viento con sus viejos muros de piedra.


En este buque insignia de castilla, está instalado de manera permanente el " Museo del Vino". No podía ser de otra manera pues a sus pies y bajo su atenta mirada crecen cepas del mejor vino que una tierra sabia a la par que recía puede dar; el vino de Ribera del Duero.


martes, 7 de julio de 2009

La mochila



¿ Cómo caminamos por la vida?...¿ Quizá lo hagamos con demasiadas cosas a la espalda?

Estas lineas tal vez te hagan preguntarte cuánto llevas contigo innecesario.

Articulo publicado en la revista Iglesia de Almodovar Nº 222-223 Junio,Julio

http://www.iglesia.almodovardelcampo.org/

La mochila


Hace tiempo, escuché decir a una psicóloga en una charla que las personas, al igual que los colegiales, solíamos cargar a la espalda una mochila con todas nuestras “ cosas” dentro. Al mencionar el concepto “ cosas”, no se refería a nuestras pertenencias o posesiones, sino a nuestras penas, alegrías, decepciones, frustraciones, logros, éxitos, metas, sentimientos, vanidades, pensamientos...y que acostumbrábamos a echarlo todo en ella como si fuera un saco sin fondo, sin molestarnos siquiera en colocarlas debidamente, formándose por esta razón aristas en las paredes de esa mochila y sobresaliendo cuán picos puntiagudos, clavándose en nuestra espalda continuamente y magullándonos.
Recuerdo que en aquellos momentos, esa metáfora me dio qué pensar. En realidad yo sí que a menudo solía tener la sensación de echar sobre la espalda todo aquello que no me gustaba. Quizá también lo que me salía bien o incluso me congratulaba, pero seguramente lo hacía de manera bien distinta, no como un peso sino como un valor ensalzable para mí autoestima. Y recuerdo también que haciendo caso a la recomendación que luego hizo esta psicóloga, traté de colocar mi mochila sacando todo y tratando de colocarlo de nuevo ocupando mejor los espacios y encajando “ mis cosas” para que a su vez quedara espacio para otras cosas nuevas.
Fue un ejercicio sano aunque con el tiempo he llegado a la conclusión de que no lo hice del todo bien. Al parecer, solo recoloqué mi mochila con todo lo que había guardado dentro cuándo, en realidad, lo que tenía que haber hecho es una buena limpieza para sanear todo el espacio vital que contiene mi mochila.
Me he propuesto hacer ese ejercicio de nuevo, pero reconozco que no es fácil limpiar la mochila. Nos ponemos infinidad de motivos, excusas, razonamientos, conclusiones y sobre todo, convencimientos para no soltar ciertos lastres. En realidad, guardamos muchas cosas por pena, por el simple y mero apego o incluso para justificar muchas de nuestras actitudes, pero si aplicamos el sentido práctico, no hay duda que en la medida que eliminamos aquello que nos pesa, aligeramos la mochila y el viaje por la vida es más grato y menos cansado. Pero, a veces, pareciera que nos gustara sufrir o incluso vivir siempre recordando nuestras heridas de guerra para ennoblecer nuestra existencia. Tal vez sea humano caer en esa torpeza pero ¿ no creen que hay ciertas cosas que debiéramos ponerles su fecha de caducidad para no guardalas eternamente?. ¿ No creen que también algunas cosas deberían colocarse mejor en la mochila para que sus aristas no sobresalieran y nos magullaran?.
Creo, queridos lectores, que sería bueno al menos intentar hacer esa limpieza en nuestras mochilas. Eliminar viejas rencillas, eliminar algunos rencores, sacudir algunos malos recuerdos, evadirse de viejos complejos, en fin...todo aquello que al pensar en ello nos pincha en la espalda y nos nubla el corazón.
Estoy convencida de que soltando ciertos lastres, las cosas buenas acuden a nosotros para seguir llenando nuestra vida. Todos nos merecemos vivir aquello que aún nos queda por vivir con la chispa de la ilusión y no con la pesadumbre y la desconfianza que nos puede llegar a producir aquello que hemos guardado con resignación y hasta tristeza en nuestra mochila.
Pero sí, no hace falta que me lo digan. Cuesta...cuesta muchísimo desprenderse de algunas cosas. Lo sé bien, y cada cual le pone una medida y un valor a “ sus cosas” y lo que para mí puede ser una nimiedad para otro es una espina clavada en el corazón, pero creo, y digo bien cuándo digo creo porque en esta ocasión no me atrevo a apostar en firme precisamente porque cada cual es el mismo y sus circunstancias, que nos debemos tomar un tiempo en valorar lo que hoy es importante entre nuestras cosas guardadas. Lo que nos vale y lo que no, guardando tal vez lo que hemos superado en la mochila y desechando aquello que no hay manera de colocar porque todo son aristas. Si algo, durante mucho tiempo, no nos ha hecho bien, difícilmente lo hará, así pues ¿ qué sentido tiene seguir dándole cabida y espacio en nuestra mochila?.
Pensémoslo al menos, pero déjenme decirles algo más para terminar estas líneas: lo que guardamos en nuestras mochilas y cargamos sobre nuestras espaldas fue importante en su momento, de igual manera que lo que comimos ayer nos alimentó ayer, pero cada día trae sus cosas como también su propio hambre. No es un castigo; eso es, ni más ni menos que el trepidante viaje de la vida. Hacer este viaje ligero de equipaje sobre la espalda o con la mochila sobrecargada y llena de aristas, es una vez más cosa de cada uno, no obstante, si decide hacer limpieza, un pequeño consejo: “ no piense en lo que ha perdido o dejado atrás, piense en lo que le queda por ganar”. Esa sensación, por experiencia personal puedo decir que es...estupenda.


Pilar Martinez Fernandez.