viernes, 28 de agosto de 2009
" Milagros y Palabras"
miércoles, 19 de agosto de 2009
Iscar Medieval
Una de las épocas que más atrae últimamente recrear y traer al presente es la Edad Media.
Mercados, representaciones, calles de pueblos decoradas, gente ataviada con trajes de labranza, caballeros, damas, escuderos, mercaderes, animales...todo aparece de pronto en un lugar como si de un plumazo hubieran retrocedido en el tiempo y se instalaran en pleno medievo.
En realidad y aunque la ilusión nos lleve a pensar que por arte de magia un pueblo puede hacer tal regresión en el tiempo sin más, lo cierto es que en muchos casos se trata de un golpe de tuerca para promocionar ese atractivo que ya de por sí tienen muchos pueblos e incluso para mostrar los vestigios que conservan de aquellos tiempos, dicho de otro modo, una ocurrente manera de ensalzar lo que se tiene y al mismo tiempo de llamar al visitante y dar proyección al lugar haciendo que por unos días, unas calles, una muralla o una fortaleza, sean el escenario perfecto de la rutina y sociedad medieval.
Un ejemplo de ello es Iscar, un pueblo al sureste de Valladolid que limita con Segovia, en plena Tierra de Pinares.
En lo alto de uno de sus cerros tiene un castillo gótico del siglo XV asentado, según afirman, sobre ruinas del siglo XIII con una torre del homenaje cuya singularidad es un planta pentagonal en piedra de sillería y rodeada por una muralla que ocupa todo el perímetro de dicho cerro.
En 1998 después de cierto aletargamiento con respecto a la conservación del rico patrimonio artístico y arquitectónico que posee Castilla y León, se descubren algunas estancias del castillo y desde ese momento hasta hoy, todos los esfuerzos se aúnan para trabajar en su continua rehabilitación, motivo que ha llevado a la villa de Iscar a celebrar durante once años consecutivos una feria medieval.
Una feria para una noble causa
En la edición de este año 2009, durante los días 4 y 5 de Julio el castillo de Iscar volvió a convertirse en toda una fortaleza del medievo. En su XI edición, el lema fue “ Maestro y aprendiz”, una temática cuya pretensión fue traer a nuestros tiempos aquellas viejas costumbres y oficios que marcaron la cotidianidad de una sociedad artesana por antonomasia pues, del mismo modo que eran capaces de elaborar quesos, dulces o jabones para su propia autoabastecimiento, podían trabajar con maestría el cuero, los metales, el cristal o incluso el mármol para hacer figuras.
La idea, un año más, no se centró en hacer una feria comercial, sino de trabajo. He aquí lo llamativo de esta feria y retrospectiva al pasado en la que se envuelve Íscar. No se trata de un mercado en el que comprar, simplemente. No; las normas de la feria establecían muy explícitamente en su programación el fin principal: la recaudación a través de la venta en los diferentes puestos de sus artículos, tales como collares, pulseras, dulces, quesos...etc, para continuar con la rehabilitación del castillo, presentando a su vez oficios antiguos con el propósito de rememorar y a la vez ilustrar sobre ellos en el presente.
Cabe decir que, todos los oficios y artes medievales, llegan a nuestro tiempo como no puede ser de otra manera: como un legado trasmitido de generación en generación de padres a hijos. De ahí el lema “ Maestro y aprendiz”. Tan necesario es el maestro como aquel que está dispuesto a aprender para no perder viejos oficios.
Así se trató de hacer en esta feria y a quién hasta allí se acercó pudo ver, por ejemplo, a un escultor trabajando en mármol a golpe de cortafrío y martillo, a un artesano dando forma al cristal con fuego, talleres de cocina tradicional, de alfarería, de imprenta, de extracción de resinas, de caligrafía, de elaboración de pan, queso...
Pero, del mismo modo, es llamativo y digno de mencionar otra singularidad de esta feria medieval; para comerciar en el mercado, durante esos dos días, los euros se convirtieron en maravedíes, acuñados especialmente para esta feria.
Se trató simplemente de una recreación más sin que hubiera coste añadido o gravamen para los artesanos y los compradores. En un puesto se ubicó una banca dónde se efectuaban los cambios además de haber cambistas por todo el recinto ferial situado en el castillo.
De armas y caballeros
Pero una feria medieval sin caballeros y armas, no es completa. En las inmediaciones del castillo de Iscar también pudo verse una escuela de caballeros en la cual se hicieron pruebas de formación y entrenamiento.
De igual manera, hubo demostraciones y prácticas de trabuchete, tiro con arco, espadas, tiro con catapulta e incluso, ya más con carácter de juego para los niños, pequejustas.
Y como no podía faltar en toda recreación medieval que se precie, hubo hasta nombramiento de caballeros y juramento del alcaide de la fortaleza, recayendo esta vez tan honorífico cargo en el periodista y director de la revista ARGI, Javier Pérez Andrés, quién en su alocución juró preservar la fortaleza con entusiasmo y determinación durante todo el año que durara su mandato.
Todo un teatro
Si algo puede resumir con absoluta rotundidad los dos días que vivió Iscar y los iscarienses en torno a su castillo y su feria medieval, es el teatro en toda su más amplia recreación.
La fortaleza, ya de entrada ofrece el mejor escenario para meterse sin mucho esfuerzo en un ambiente totalmente costumbrista de tan remotos tiempos, pero es encomiable el esfuerzo y el despliegue de medios que pudo verse durante la XI Feria Medieval de Iscar, pues consiguió una vez más envolver al visitante que llegó como mero observador y se marchó conociendo los usos y costumbres medievales gracias a la teatralización constante de todo aquello que fue cotidiano en la Edad Media, un ejemplo que, afortunadamente, siguen hoy muchos pueblos en España y que sirve una vez más para no perder nuestro bagaje cultural e histórico.
Texto: Pilar Martinez Fernandez.
Reportaje gráfico: Pilar Martinez Fernandez.
Información: Oficina Municipal de Turismo www.villadeiscar.es
983.612.703
Plenitudes

"Plenitudes":IHay un hombreque cae por mi pelosin que sea precisoun conjuro de luna.Un hombreque crece en la tormentapara llenarme la callede arco iris.Un hombreque vivey se hace lágrimaal sostener los sueñossi en soledad me añora.Un hombre al fin y al cabo,pero desnudaante su noche soy,no necesito ninguna aurora.
IINazco cristal,una transparencia en el vientoasimilando los colores,un silencio en la brisahasta vibrar en los sonidos.Opaca ante el talud,la comprensión aún veladase ruboriza en los espejosqueriendo ser,mientras dibujode los pájarossolamente las alas.IIICuánta simplicida ante el instanteen el que se detieneel tiempo.El aire de la mente se desmayaahogado en la emociónque despliega el deseo.Entonces giroen el vértigo impoderableque describre la órbita,de su universo.IVTomando la cegueraque me marca por años,voy a crear la iluminariaque para siempreilumine este instanteen el que puedo,por fin,llegar a verle.Alicia M.G
martes, 18 de agosto de 2009

Un espacio muy especial en este " vuestro rincón de las palabras" para la poesía íntima y sútil de Alicia. Conocerla ha sido todo un hallazgo para mí pues la poesía es un mundo en el que me siento verdaderamente en pañales como escritora. Deseo aprender al tiempo que también deseo compartir, por eso abro este estante a quienes seguís con interés y fidelidad este blog, para que al tiempo que yo descubro a Alicia, lo hagais también vosotros. Pediros, eso sí, que no os conformeis con leer. Tanto Alicia como yo estamos aprendiendo y necesitamos la critica constructiva y vuestra opinión sincera. Dejad que vuestro corazón hable, dejad que vuestras palabras digan...no os importen las formas ni si escribís bien o mal. No es tan necesaria la forma como el contenido y siempre es mejor, en este caso, la espontaneidad que la idoneidad. No se os pide que seais escritores, sino lectores y de los buenos, de los criticos que buscan siempre sorprenderse.
Con tu permiso, Alicia y con todo mi apoyo y cariño, aqui van tus sonetos de esos poemarios que has compartido conmigo.
" Contando historias a la luz de un farol"
I
Como noche que abarca todo el día
es tu ausencia en la luz del sentimiento,
un silencio que llega con el viento
a la ventana en su melancolía.
Ni siquiera una lenta melodía
que acaricie al cansado pensamiento,
en este divagar, ya sin aliento,
que no cesa jamás en su porfía.
Necio intento, febril, un desatino
para este corazón enamorado,
abierto al avatar de su destino.
Esperando ese gesto inesperado
que dibuje de nuevo en su camino
otro cuento de amor ilusionado.
II
Dónde te escribiría, ¿dónde?, dime...
que estuviera mi piel ante tus ojos
y los dedos, preñándose de antojos,
con palabras crecieran mientras gime,
el latido, en la voz que lo redime.
Que el corazón, sujeto en hilos rojos,
va tornando en locura los enojos
al no hallar un lugar (latir sublime)
donde aunar los sentidos para ti.
Que anochece y la luz busca un retiro
para irse a dormir y, desde allí,
lanza el último y mágico suspiro
que llega desmayándose hasta aquí
y, queriendo atraparlo, lo respiro...
lento... lento... lo inspiro...
y, de pronto, se vuelve carmesí.
¿Dónde te escribo ahora? Dónde... di.
III
Tiene que ser amor esto que siento,
tiene que serlo, sí, nada he forzado,
fluye sin más tan libre al ser tocado
que eleva la pasión al sentimiento.
Apasionada, sí, no lo lamento,
aunque se vuelva llaga en mi costado
o ese infierno de un cielo encapotado
que agita la razón y el pensamiento.
Tiene que ser amor después de todo,
tiene que serlo, nada está prohibido,
si despierta a la vida y de este modo
cómplice es sin temor de mi latido.
Que si no lo sostiene un acto puro
sólo cabe pensar en un conjuro.
IV
Hoy que tengo los pasos más tranquilos
voy sintiendo de pronto al caminar
cómo tiemblan las hojas con el viento
cuando inquieto las besa en soledad.
Cómo huele el almendro enamorado
en la noche de luces sin cristal
cuando seduce el pensamiento al aire
para nombrarte amor, una vez más.
Sintiendo cómo un verso que parece
prendido en el misterio de la luna
se descuelga aturdido hasta mis labios,
para volverse el dueño en un segundo
de este cuento que nace acariciándome,
como el placer, desnudo ante tus ojos.
" Pasion de luna y agua"
No puedo ni pensar... y estoy pensando
dónde estarás, amor, dónde habrás ido,
te presiente la noche tan perdido
que cada estrella en mi te va buscando.
No quiero más llorar... y voy llorando
como fuente que mana en el latido,
queriéndole arrancar algún sentido
que encienda la razón (pues ciega ando).
Son tristes ventanales hoy los ojos,
cristales empañados que humedecen
el fuego al perfilar los labios rojos.
Pasión de luna y agua donde crecen
las ansias de salvarse en los antojos
que anidan emociones y amanecen.
" Metapoesía"
I
La palabra es rumor sobre la mano:
un instante mojado y transparente
que no deja mi alma indiferente
si al pronunciarla siento que la gano.
Me quema como el sol en el verano
si presa de añoranza va doliente
para mostrarse al rato sugerente
frente a la magia oculta del arcano,
cuando la noche muere en alborada
e inquieta como novia ante su boda,
sobre un papel en blanco convocada,
bebe la luz y a mí se entrega toda.
Luna en la piel que eleva lo vivido
de las sombras calladas del olvido.
II
Desnudo en el papel y silencioso,
apenas un esbozo ilusionado,
el verso busca un sueño (o un pecado)
para volverse en ellos poderoso.
Busca unos ojos tristes y celoso
se queda en una lágrima atrapado,
luego sobre un suspiro liberado
eleva el corazón como un coloso.
Busca en el pensamiento algún camino
para cruzar sin dudas la frontera,
cuando se sienta al pie de su destino
retado por la sombra en su quimera:
quiere ser el carbón ya cristalino
o chispas sobre el fuego de la hoguera.
III
Cuánto silencio pasa sobre el fuego
en cada noche que de letras ando,
cuánto misterio va por mi rodando
para acunar este desasosiego.
Cuánto sentir y cuánto desapego
que van cayendo sobre el suelo, en blando,
cuánto el anhelo que pregunta cuándo
retornará la vista al ojo ciego.
Cuánto más tiempo seguiré postrada
ante un papel sin mancha... cuánto apuro
será expresión sobre la madrugada.
Cuánto traspié doliente e inseguro…
que, si me guía la corazonada,
veré caer sobre mi piel seguro.
miércoles, 22 de julio de 2009
Simancas, las huellas de su leyenda

Muchos son los pueblos que, entre su más enraizada tradición y cultura popular, guardan en la memoria y con orgullo leyendas de batallas y gallardías que, además de ennoblecerles, dejaron su impronta en el acontecer de la historia.
A medio camino entre lo heroico y lo legendario, cuentan que a escasos kilómetros de Valladolid, en un altozano a orillas del rio Pisuerga, una villa decidió poner fin a una injusticia con determinación y valentía.
De lo que allí aconteció, la mujer tuvo relevante importancia pues fue su rebeldía en aras de su honor la que afloró en contra del acatamiento y sumisión que por su condición se le exigía.
Es, por tanto, de rigor y justicia conocer lo que ennobleció a este pueblo y lo que le llevó a llamarse como se llama, pues no es casualidad dicho nombre ni un simple juego de palabras, sino consecuencia de unos hechos que por sus mujeres y a ultranza, dio en llamarse...Simancas.
La Leyenda de “ Las siete doncellas de Simancas”
Posteriormente, ya en el 939, 6 de agosto para más reseña en el acontecer de la historia, se libraría la famosa batalla " Del barranco".
Nada obtuvieron los reyes y caudillos moros a partir de aquello, ni doncellas ni tributo. De Simancas salieron huyendo con sus tropas, dicen que hacía Zamora, más nunca olvidaron los moros que, en Bureva, tanto les humillarán.Cuenta la tradición que, las doncellas cristianas, a sus casas no regresaron. En un convento de monjas, mancas y vírgenes quedaron.De esta historia curiosa y ejemplar, Bureva, el pueblo de las Siete Mancas, su nombre por el de Simancas cambió y esta coplilla salió:
Huellas de la leyenda
Simancas, después de lo contado, es un lugar en el que vale la pena hacer parada y fonda. No debemos conformarnos con la estampa que ofrece al viajero desde la carretera, es casi obligado llegar a los pies de su castillo y caminar siguiendo las huellas que ya desde la propia calzada podemos ver marcadas para guiarnos y revelarnos paso a paso lo que, a pesar de tantos años transcurridos, perdura de su leyenda.
Siete manos blancas, puras como lo fueron las siete doncellas de Simancas, nos inician en un recorrido por las calles de una villa que conserva un sabor medieval castellano muy singular.
Calles empedradas y estrechas bajo las almenas y torres vigía del castillo, hoy archivo nacional histórico, nos llevan a imaginar sin mucho esfuerzo el pulso y sentir de un pueblo que no sólo tuvo el coraje de defenderse de la caprichosa e indolente política mora, sino también de conservar su propia identidad y carácter.
Todo en Simancas recuerda a “ sus mancas y su valiente arrojo: un monolito en relieve con un epitafio en letras doradas. Escudos de la villa por doquier con siete manos como emblema principal. Un templete sostenido por siete columnas de piedra y, como no, un puente romano peinando el río Pisuerga con sus ojos ojivales de piedra desde el cual es fácil recrear ese paso firme y decidido de los caballeros cristianos al frente del Rey Ramiro cruzándolo para defender el honor de “ sus doncellas”.
No obstante, no todas las huellas son visibles. A menudo son las propias gentes quienes mejor pueden ilustrarnos de los secretos a voces que guarda un lugar, pero no es menos cierto que, también a veces, la propia indiferencia de algunos de los que pueblan un lugar, o quizá la inconsciencia, pueden borrar para siempre lo que bien hubieran podido conservar e ilustrar su bagaje histórico.
En viejas guías aparece una fuente homenaje al labrador con siete grifos simulando siete manos. Es tarea inútil buscar esta fuente en el lugar que se asentaba, un espacio privilegiado en medio de la Plaza Mayor junto al templete. Hay ocasiones en las que, las remodelaciones y restauraciones, trastean y anulan significativos emblemas en aras de lo funcional sin tener en cuenta no sólo el valor de lo añejo, sino lo que enriquece y nutre a la propia identidad del lugar. Esta fuente, por alguna razón, a quienes proyectaron la remodelación de la Plaza Mayor, les estorbaba y decidieron quitarla, eliminando un elemento cuándo menos interesante y curioso pues además de la peculiaridad de sus grifos recordando la leyenda, estéticamente era digna de contemplar por sus escalonadas piletas por las que discurría el agua hasta culminar, como no podía ser menos tratándose de un homenaje al labrador, de un arado forjado en hierro.
Pero de lo perdido, ya no hay remedio. En Simancas, sólo alguna foto de “ La Fuente del Labrador” puede completar la búsqueda de esas huellas que recuerdan la leyenda además, naturalmente, del testimonio de la gente del propio pueblo.
Otros vestigios visibles
Aunque todo parece apuntar como hecho más relevante cuánto aconteció de la leyenda, lo cierto es que Simancas conserva otros vestigios más remotos.
A escasa distancia del núcleo poblacional se encuentra El sepulcro colectivo de Corredor de Los Zumacales, un fenómeno megalítico enclavado en lo que se hace llamar el Valle Medio del Duero y en el cual se encontró un dolmen de aquellos tiempos prehistóricos.
Del mismo modo cabe también tener en cuenta que, Simancas, quizá por su estratégica situación a modo de minarete de la vega del rio Pisuerga, fue lugar escogido como asentamiento por los vacceos, los romanos y los musulmanes, condición y circunstancia que, inevitablemente, dejó sus marcas y rastros que, en su conjunto, dotan a esta villa de un impresionante interés cultural, histórico e incluso popular.
Tambien cuentan que...
...Simancas, tiene horadadas sus entrañas y que, en tiempo de la ocupación mora, existía un pasadizo que recorría enteramente Simancas desde el foso del castillo hasta el mismo río y que servía de conducto y vía de escape en tiempos de la ocupación musulmana.
Los viejos del lugar aseguran la existencia de ese pasadizo conocido por “ La cueva de la mora”. Hoy es difícil hallar ese corredor íntegramente pues, Simancas, también se caracteriza por las bodegas subterráneas que albergan muchas casas y existen infinidad de puertas que franquean aquello que, en origen, fue dicho conducto hacía el río desde el castillo, pero de la leyenda dan fe y toma su nombre los propietarios del Pub “ La cueva de la mora”, un lugar de encuentro y de música en directo en un marco incomparable pues, no sólo el local está decorado con gusto y es acogedor, sino que además ofrece la posibilidad de disfrutar de una copa o un buen vino en un lugar, quizá único en España, pues puede decir sin presunción ni mentira que tiene un castillo en su terraza.
Así es como se invita al visitante si leemos un letrero al principio de la empinada Calle del Archivo dónde se encuentra ubicado este pub : “ Tenemos un castillo en la terraza”. Y es que, con sólo levantar la vista, el impresionante castillo irrumpe presidiendo la más inmediata panorámica, haciéndonos una vez más participe de lo singular que ofrece esta villa si nos detenemos a mirarla.
Recomendable, desde luego, acercarse hasta este pub para conocer de primera mano otra pequeña leyenda que se cuenta en Simancas además de pasar un buen rato en un local pintoresco y con buena música.
Siete “ síes” en Simancas.
Así pues, y si es menester del viajero, parar en Simancas, siete “ síes” es de rigor recomendar además de empaparse de la leyenda de sus siete doncellas mancas y seguir sus huellas.
El primero, su castillo medieval, más con porte de palacio que fortaleza militar casi tocando ese inmenso cielo azul que acostumbra a verse en Castilla cuándo el tiempo es de bonanza.
Alberga el archivo histórico nacional motivo que impide entrar en su interior y visitarlo pues sólo se permite la entrada a investigadores e historiadores acreditados, pero aún así, merece la pena llegar hasta sus puertas para, comprobar in situ, su imponente envergadura.
El segundo, el “ hospital”; un modesto edificio del siglo XVI que se fundó para recoger y curar a pobres, forasteros y huérfanos de la Villa y que cerró sus puestas en el año 1840. En su fachada se pueden ver sendos escudos: uno el de la villa y otro el emblema de “ El divino pastor”.
El tercer “ sí”, para la Iglesia de San Salvador, un templo abierto no sólo para la oración y el culto sino también para descubrir pequeñas joyas religiosas y litúrgicas guardadas bajo la penumbra y el olor a incienso de sus muros de piedra.
El cuarto, el rollo jurisdiccional; un pequeño monolito que descubrimos tras caminar por estrechas callejuelas hasta una balconada abierta a la inmensa panorámica que ofrece la ribera del Pisuerga. Este mojón recuerda los litigios que también el pueblo mantuvo por su jurisdicción y de la cuál le eximió definitivamente Felipe II.
El quinto “ sí”, viene acompañado de un profundo río; El Puente Medieval cruzando el Pisuerga de una a otra orilla.
Llegar hasta su pasarela de piedra y verlo tan robusto, inevitablemente lleva a preguntarse cómo ha podido resistir el paso del tiempo, siendo como ha sido hasta hace bien poco, paso casi obligado de tráfico rodado para quienes llegaban al pueblo por El Camino Viejo de Simancas, como se conoce por allí a la otra carretera que lleva a Valladolid.
El sexto y séptimo “sí”, han de venir unidos casi como colofón a todo un derroche de historia al tiempo que se busca, si el estómago y la sed lo pide, un lugar dónde dar gusto al buen yantar y al buen beber. Varios son los restaurantes y mesones que salpican Simancas, pero no es menos cierto que llegar a la Plaza Mayor es sin ninguna duda encontrarlo definitivamente todo para dar por bien cumplida la visita a la Villa.
Restaurantes y bares nos esperan junto al Ayuntamiento, un edificio de corte neoclásico con soportales y escudo real que mira de soslayo a un templete sostenido por siete columnas de piedra y que ha sido y lo seguirá siendo gracias a que no ha sucumbido por fortuna a la vil piqueta, testigo y cómplice de fiestas y tradiciones que al uso se celebran el 6 de agosto con la recreación del requerimiento de la siete doncellas y en la semana del 8 de septiembre en honor a Nuestra Señora del Arrabal con encierros, capeas y bailes.
Asi pues, caminante y viajero, si usted llega hasta esta villa desde el Sur, desde el Norte, Este u Oeste o desde el extranjero, dígale “ Sí” a Simancas, pues de aquello que dijo Abderraman II, “ Si mancas me las dais, mancas no las quiero”, surgió la leyenda que dio gloria y honor a este pueblo en aquel tiempo.
Pero no duden vuestras mercedes que, la gloria perdura en el tiempo en la misma medida que la conocemos, recordamos y, por supuesto, la conservamos. La leyenda de un pueblo y de sus siete doncellas mancas, después de lo contado, en nuestras manos, y nunca mejor dicho, queda.
Texto y narración:
Pilar Martinez Fernandez.
Reportaje gráfico:
Ángel Gomez
Fotografía Villagrá ( foto de la Fuente del Labrador).
Agradecimientos:
Oficina de Turismo de Simancas
Elena Hernandez de la Iglesia ( guía de la oficina municipal de turismo de Simancas).
Pub “ La Cueva de la Mora”.
Aclaraciones y puntualizaciones al articulo:
lunes, 13 de julio de 2009
Cuellar
Santuario de El Henar
viernes, 10 de julio de 2009
San Bernardo
Peñafiel
Peñafiel, un lugar emblemático. La evidencia de toda una seña de identidad de mi querida Castilla; sus fortalezas, solemnes, regías, oteadoras de un horizonte distante pero siempre llamando al viajero para arroparlo del viento con sus viejos muros de piedra.
En este buque insignia de castilla, está instalado de manera permanente el " Museo del Vino". No podía ser de otra manera pues a sus pies y bajo su atenta mirada crecen cepas del mejor vino que una tierra sabia a la par que recía puede dar; el vino de Ribera del Duero.
martes, 7 de julio de 2009
La mochila

¿ Cómo caminamos por la vida?...¿ Quizá lo hagamos con demasiadas cosas a la espalda?
Estas lineas tal vez te hagan preguntarte cuánto llevas contigo innecesario.
Articulo publicado en la revista Iglesia de Almodovar Nº 222-223 Junio,Julio
http://www.iglesia.almodovardelcampo.org/
La mochila
Hace tiempo, escuché decir a una psicóloga en una charla que las personas, al igual que los colegiales, solíamos cargar a la espalda una mochila con todas nuestras “ cosas” dentro. Al mencionar el concepto “ cosas”, no se refería a nuestras pertenencias o posesiones, sino a nuestras penas, alegrías, decepciones, frustraciones, logros, éxitos, metas, sentimientos, vanidades, pensamientos...y que acostumbrábamos a echarlo todo en ella como si fuera un saco sin fondo, sin molestarnos siquiera en colocarlas debidamente, formándose por esta razón aristas en las paredes de esa mochila y sobresaliendo cuán picos puntiagudos, clavándose en nuestra espalda continuamente y magullándonos.
Recuerdo que en aquellos momentos, esa metáfora me dio qué pensar. En realidad yo sí que a menudo solía tener la sensación de echar sobre la espalda todo aquello que no me gustaba. Quizá también lo que me salía bien o incluso me congratulaba, pero seguramente lo hacía de manera bien distinta, no como un peso sino como un valor ensalzable para mí autoestima. Y recuerdo también que haciendo caso a la recomendación que luego hizo esta psicóloga, traté de colocar mi mochila sacando todo y tratando de colocarlo de nuevo ocupando mejor los espacios y encajando “ mis cosas” para que a su vez quedara espacio para otras cosas nuevas.
Fue un ejercicio sano aunque con el tiempo he llegado a la conclusión de que no lo hice del todo bien. Al parecer, solo recoloqué mi mochila con todo lo que había guardado dentro cuándo, en realidad, lo que tenía que haber hecho es una buena limpieza para sanear todo el espacio vital que contiene mi mochila.
Me he propuesto hacer ese ejercicio de nuevo, pero reconozco que no es fácil limpiar la mochila. Nos ponemos infinidad de motivos, excusas, razonamientos, conclusiones y sobre todo, convencimientos para no soltar ciertos lastres. En realidad, guardamos muchas cosas por pena, por el simple y mero apego o incluso para justificar muchas de nuestras actitudes, pero si aplicamos el sentido práctico, no hay duda que en la medida que eliminamos aquello que nos pesa, aligeramos la mochila y el viaje por la vida es más grato y menos cansado. Pero, a veces, pareciera que nos gustara sufrir o incluso vivir siempre recordando nuestras heridas de guerra para ennoblecer nuestra existencia. Tal vez sea humano caer en esa torpeza pero ¿ no creen que hay ciertas cosas que debiéramos ponerles su fecha de caducidad para no guardalas eternamente?. ¿ No creen que también algunas cosas deberían colocarse mejor en la mochila para que sus aristas no sobresalieran y nos magullaran?.
Creo, queridos lectores, que sería bueno al menos intentar hacer esa limpieza en nuestras mochilas. Eliminar viejas rencillas, eliminar algunos rencores, sacudir algunos malos recuerdos, evadirse de viejos complejos, en fin...todo aquello que al pensar en ello nos pincha en la espalda y nos nubla el corazón.
Estoy convencida de que soltando ciertos lastres, las cosas buenas acuden a nosotros para seguir llenando nuestra vida. Todos nos merecemos vivir aquello que aún nos queda por vivir con la chispa de la ilusión y no con la pesadumbre y la desconfianza que nos puede llegar a producir aquello que hemos guardado con resignación y hasta tristeza en nuestra mochila.
Pero sí, no hace falta que me lo digan. Cuesta...cuesta muchísimo desprenderse de algunas cosas. Lo sé bien, y cada cual le pone una medida y un valor a “ sus cosas” y lo que para mí puede ser una nimiedad para otro es una espina clavada en el corazón, pero creo, y digo bien cuándo digo creo porque en esta ocasión no me atrevo a apostar en firme precisamente porque cada cual es el mismo y sus circunstancias, que nos debemos tomar un tiempo en valorar lo que hoy es importante entre nuestras cosas guardadas. Lo que nos vale y lo que no, guardando tal vez lo que hemos superado en la mochila y desechando aquello que no hay manera de colocar porque todo son aristas. Si algo, durante mucho tiempo, no nos ha hecho bien, difícilmente lo hará, así pues ¿ qué sentido tiene seguir dándole cabida y espacio en nuestra mochila?.
Pensémoslo al menos, pero déjenme decirles algo más para terminar estas líneas: lo que guardamos en nuestras mochilas y cargamos sobre nuestras espaldas fue importante en su momento, de igual manera que lo que comimos ayer nos alimentó ayer, pero cada día trae sus cosas como también su propio hambre. No es un castigo; eso es, ni más ni menos que el trepidante viaje de la vida. Hacer este viaje ligero de equipaje sobre la espalda o con la mochila sobrecargada y llena de aristas, es una vez más cosa de cada uno, no obstante, si decide hacer limpieza, un pequeño consejo: “ no piense en lo que ha perdido o dejado atrás, piense en lo que le queda por ganar”. Esa sensación, por experiencia personal puedo decir que es...estupenda.
Pilar Martinez Fernandez.
