domingo, 5 de septiembre de 2010
Como vasijas de barro
jueves, 26 de agosto de 2010
Aprendiendo de " El Principito"
Cuántas veces no nos ocurre a lo largo de nuestra vida que llega a nuestras manos algo que termina dependiendo de nosotros, de nuestro buen hacer y nos invade el temor de no afrontar con absoluta madurez y sensatez nuestro deber. Más de una, a menudo con animalillos que nos salen al paso como un gatito, un pajarillo caído del nido, un perro que nos sigue en la calle y nos da lástima dejarlo...y otras con algo mucho más comprometido como un hijo, un amigo, nuestros padres...
Cuando entramos en el plano de los sentimientos y establecemos una relación, se crea un vinculo tan importante que, efectivamente, somos responsables de aquellos que, en cierto modo, hemos domesticado, no dominado ni moldeado a nuestro antojo, sino metáforicamente hablando de aquellos que hemos conseguido atraer hacía nosotros para permanecer a nuestro lado, de tal manera que su bienestar entra a formar parte de nuestros desvelos.
El problema que suele amedrentar esa " responsabilidad", no es otro que nuestra propia torpeza a la hora de enfocar los sentimientos. La desmesura de protección en nombre del cariño, a menudo deriva en el exceso de celo, de tal manera que aprisiona la voluntad de ese " ser" que nos da la mano para estar junto a nosotros.
Nadie, en nombre del amor, del cariño, de los vinculos familiares o de la amistad, tiene el derecho a ejercer sobre otro ser la imposición. El verdadero cariño, quiere a pesar de, por encima de...acepta lo que tiene delante sin condiciones. Aquellas hermosas palabras que hemos escuchado todos de " querer sin límites".
Volviendo a " El Principito" cuando habla de " su rosa". Del mismo modo que el zorro le dice que es responsable de lo que ha domesticado, El Principito comprende que hay muchas rosas, pero ninguna es como su rosa, porque para él es única y diferente a todas las demás y la quiere, y ese sentimiento puro es lo que le hace sentirse responsable de ella para que siga siendo todo aquello que ve en la flor aunque existan otras semejantes a ella.
Ese es el sentimiento, ser únicos para quienes nos quieren, considerar únicos a quienes queremos, sentirnos responsables de ellos y del cariño sin querer cambiarlos por otros ideales o desecharlos por no ser como nosotros queremos.
Bien si somos zorros domesticados, rosas hermosas o Principitos con responsabilidades en nuestras manos, lo importante es saber que el amor sin límites es lo que mueve nuestras vidas.
Pilar Martinez Fernandez ( Septiembre 2010)

martes, 13 de julio de 2010
¿ Lógico o evidente?

jueves, 8 de julio de 2010
El canario que sabía iba a morir

jueves, 24 de junio de 2010
Cruzando puentes
Hace tiempo leí que en en el interior de cada uno de nosotros existen todos los puentes necesarios para ser cruzados en un momento preciso y llevarnos hacía nuestro destino.
Yo imagino que, si de verdad existen esos puentes en nuestro interior, en cada momento los cruzamos con la seguridad plena de que vamos hacía dónde debemos ir aunque al otro lado no sepamos muy bien qué es lo que no espera. Y, si es así, entonces también cabe creer que día a día caminamos por una senda necesaria hacía nuestro indefinido horizonte.
El debacle viene en el momento que se nos presentan encrucijadas en el camino, bifurcaciones que nos hacen dudar a la hora de tomar la decisión de seguir por un lado o por otro. Y, cuántas veces tambien no nos sucede que tomado un camino y un puente, sopesamos qué hubiera ocurrido de haber tomado otra dirección diferente.
Si creemos con absoluta fe que cada puente que cruzamos en nuestra vida es el que debíamos tomar así nos haya hecho dar algún que otro rodeo o sorteado diferentes desniveles, lo natural es tener también la certeza de que todos nuestros pasos han sido plenamente necesarios para llegar hasta donde estamos y al tiempo llevarnos aún más lejos.
Suele decirse que meta y camino son lo mismo y que no hace falta correr hacía ninguna parte. Tampoco importa el destino, sino que lo importante es el viaje. Quizá sí, o puede que también se haga necesario plantearse alguna meta, un destino mejor en nuestro discurrir por la vida, porque a menudo suele ocurrir que sentimos pasar nuestra vida por inercia, un somero discurrir cruzando un puentecillo trás otro sin más, anestesiados por la rutina y su desencanto. Un viaje al fin y al cabo pero sin interés alguno por la nula inquietud de sorprenderse ante lo que siempre espera a la otra orilla. Y es esa falta de inquietud, esa apatía la que nos anula el siempre anhelante proyecto de ser un poquito más felices que ayer o que antesdeayer.
Si de verdad, en nuestro interior, habita un arquitecto sublime capaz de levantar de un día para otro puentes para cruzarnos a diferentes orillas y seguir nuestra senda vital, creo que debemos darle los materiales necesarios para que sean sólidos, de piedra robusta y con buena argamasa, y no colgantes que pueden hacernos perder el equilibrio por su inestabilidad o en el peor de los casos inexistentes dejando únicamente delante un precipicio.
Esos materiales serán, entonces, fe en nosotros mismos, conocimiento pleno de nuestras capacidades, curiosidad, voluntad, ilusión, sentido del humor, esperanza, pero sobre todo un sentido auténtico de agradecimiento por tener días por delante para vivir. El regalo que siempre nos espera a la otra orilla del puente...
Y, si es así, debemos entonces creer que el puente que cruzamos es, efectivamente, sólido,con buenos materiales, no proclive a romperse a nuestro paso y hacernos caer a un precipicio o a una turbulenta corriente de un río.
Pilar Martinez Fernandez ( Junio 2010)
lunes, 21 de junio de 2010
En Portugal y otros lugares
Toda la tropa de " Pilarica Coros y Danzas" en una parada durante el viaje a Povoa de Varzim ( Portugal)
Aqui cuatro castellanas de secano pisando la playa. ¡ Como si no hubieramos visto nunca el mar¡....Estamos conquistando tierra Portuguesa Eva, Argentina, Armonía y yo.
Más abajo foto de familia en Oporto.
Y Nuevamente a pie del mar....disfrutando de su brisa, de sus olas y también haciendo el saludo al sol en la playa. En la foto, nuestra profesora Armonia a la derecha, seguida de Arancha, Yo misma, Mari Mar, Maria y Eva.
domingo, 20 de junio de 2010
La paloma coja
Articulo para la Revista " Iglesia en Almodovar del Campo".En un acera, picoteando esos minúsculos granitos de alimento que puede haber para un ave que habita en una ciudad, había una paloma. Su contoneo era singular. Parecía danzar más que caminar, daba saltitos con una pata al tiempo que giraba su cuerpecillo plumoso de color gris ceniza. De aquella observación curiosa de la paloma, finalmente se podía apreciar cúal era el motivo de su forma peculiar de moverse y caminar; en una de sus patas le faltaban esos tres dedos palmípedos sobre los que apoyarse. En su lugar había una terminación radical en forma de muñón que le quedaba justamente a ras del suelo. Apenas apoyaba el muñón de su pata, sólo un instante muy breve para girar y cambiar de dirección para seguir picoteando del suelo.
Al descubrir ese pequeño hallazgo inusual en la paloma, enseguida deduje que era una tara de nacimiento, un capricho de la naturaleza que de vez en cuando se manifiesta para poner a prueba a los seres vivos que crea con su bello poder.
Y me fijé aún más en ella y, cuanto más lo hacía, más me sorprendía verla moverse tan armoniosamente. Al principio pensé: - pobrecilla, que lástima. Luego fui cambiando el concepto. Pasé de sentir cierta lástima por ella a sentir en cierto modo admiración. Sé que admirar a una animalillo como si tuviera una personalidad concreta puede ser absurdo dado su sentido irracional, pero realmente me admiró esa paloma coja. Generalmente la naturaleza y su selección, a veces cruel, elimina a los seres débiles. Esa paloma al nacer así bien podría haber perecido, sin embargo, he aquí lo revelador de esta historia, supo superar su limitación, creciendo, volando y valiéndose por sí misma al tiempo que consiguió también encontrar su equilibrio a la hora de moverse y procurarse su propio alimento. ¿ Cómo lo consiguió?, podemos muy bien preguntarnos. Pues como se suele conseguir casi todo en esta vida que se nos presenta como un reto a superar; con férrea voluntad y sin rendirse ante la dificultad.
Así, muchas veces, podemos ser las personas; palomas cojas por una u otra razón. Algunas veces físicas, otras sentimentales, emocionales...siempre razones para nosotros muy poderosas que nos hacen caminar cojos, con bastones o en el peor de los casos paralíticos, entendiendo por paralíticos no a parapléjicos físicos, sino a los parapléjicos de alma.
Los genios, inventores, místicos, santos... aquellas personas que a lo largo de la historia consiguieron hacer con su vida una proyección elevada y ejemplar de su persona con sus acciones, lo hicieron superando sus propias cojeras, y lo hermoso de todo ello es que además consiguieron convertir sus cojeras personales en movimientos armoniosos, incluso bellos. Un ejemplo lo tenemos en Beethoveen; una sordera recalcitrante e incluso tormentosa para él mismo y sin embargo fue capaz de componer increíbles sinfonías.
Pues de estos ejemplos y teniendo cada cual sus propias taras, debemos fijarnos pues al fin y al cabo, la perfección es una quimera que de tanto perseguirla nos puede llegar a frustrar, sin embargo en la imperfección está el afán de superación, el valor, la supervivencia a la adversidad, nuestra resolución incluso ante nosotros mismos para descubrir nuestras capacidades.
Cuando dejé atrás con su contoneo a la paloma coja, lo hice pensando que acababa de ver algo que seguramente no volviera a ver en otra ocasión. Son visiones que ofrece lo cotidiano y que no siempre nos detenemos a observar. A menudo, aún teniendo el sentido de la vista pleno, caminamos ciegos, por eso agradezco tener tanta curiosidad, porque me hace recabar en detalles que siempre consiguen enseñarme algo.
La paloma coja me enseñó algo vital. Considerando que un pichón de paloma debe abandonar el nido y valerse por si misma antes de un mes, bien hubiera podido quebrar su vida en el momento de pisar el suelo o a los pocos días por su limitación de movimientos y su lentitud en comparación con sus congéneres a la hora de competir por el alimento del suelo, pero de alguna manera, consiguió hacerse su hueco y sobrevivir, y a juzgar por su buen aspecto, lo supo hacer bien.
Sin pensar en nadie, únicamente en mí misma, llegué a la conclusión de que muchas de mis “ cojeras” y “ muñones” pueden convertirse en listones que superar para demostrarme mis plenas capacidades y hacer algo más y sobre todo útil con mi vida. En mi caso no sólo alimentarme y sobrevivir igual que la paloma, sino además dar salida a esos dones y talentos que Dios me ha dado. Tal vez no lo consiga siempre, o me quede a medias, pero que duda cabe que teniendo vida, considero obligado “sobrevivir a mis cojeras”. Y, si pudo una paloma, puedo yo también, del mismo modo que lo puede conseguir cualquiera.
Pilar Martinez Fernandez. ( junio 2010)
martes, 8 de junio de 2010
Sin miedo, no hay valentía
Publicado en Iglesia en Almodovar Nº 233En una de esas conversaciones fugaces que algunas veces alcanzamos a oír cuando pasamos al lado de alguien, tuve ocasión de escuchar algo que si bien no era de mi incumbencia, llamó mi atención. La persona que hablaba era una mujer joven, al parecer con un problema acuciante pues su voz, un tanto temblorosa, denotaba desesperación mientras hablaba por su móvil, pero en el instante fugaz que pasé por su lado y escuché lo que decía, su aparente desesperación adquirió una postura tan contundente que me dejó un tanto perpleja. Gesticulando con la mano para poner aún más énfasis en lo que decía, la mujer exclamó: - ¡ Pues claro que tengo miedo¡. Mucho miedo, pero si no tuviera miedo tampoco sería valiente y eso, me hace ser fuerte.
Sin un contexto más amplío de la conversación, escuchar algo así puede dejarnos indiferentes o provocarnos curiosidad. A mí me sucedió lo segundo, no voy a negarlo, pero me limité a continuar mi camino. Fue después, en esos silencios en los que te quedas cuando tu mente parece querer darse la oportunidad de pensar, cuando pensé en la afirmación rotunda al tiempo que temerosa de la mujer.
Y pensé en el miedo, efectivamente. Esa sensación que aflora con mucha frecuencia. Algunas veces justificada, otras no tanto, pero en cualquier caso siempre acompañada de la vulnerabilidad, de la inseguridad, y cómo no, de la incertidumbre.
Yo he sentido miedo muchas veces. Quizá más de las que recuerdo o incluso me atreva a reconocer. Me dan miedo las tormentas, sin ir más lejos, y cada vez que lo digo, siempre hay alguien que me dice en tono paternal que no son para tanto y que incluso son un fenómeno curioso de observar. Sea como fuere, intento vencer ese miedo cada vez que en el cielo culebrean y retumban los relámpagos y truenos, pero no puedo evitar sentirme muy vulnerable e incluso estremecerme. No obstante, entiendo que esa clase de miedo no deja de ser algo meramente puntual que no afecta a mi equilibrio emocional. Hay otra clase de miedos que, efectivamente, someten a la persona a un pulso en el que únicamente con fortaleza es capaz de ganar la partida. Y, he aquí dónde comienzan a entrar en juego esas “ dificultades” que no nos gusten, esos obstáculos que nos frenen algunas veces, esas pérdidas que tanto nos desestabilizan emocionalmente, esos cambios inesperados en nuestras vidas...cartas de esa baraja que es la propia vida y que nos hacen tener malas jugadas.
La vida no es algo lineal, ni siquiera para quienes eligen vivir apartados del mundanal ruido, como suele decirse; tiene altibajos, recovecos, bifurcaciones...demasiadas bifurcaciones inesperadas con sus correspondientes decisiones difíciles o incluso arriesgadas, pero también pienso que aquí está, precisamente, lo apasionante de vivir; ser capaces de afrontar aquello que nos aparece a la vuelta de la esquina, así la vida nos someta a cambios duros o nos desestabilice emocionalmente perder algo de lo que tenemos.
El crecimiento, la superación, todo aquello que conlleva al hombre y a la mujer a ser mejor en todos y cada uno de los aspectos de su vida, solo se consigue enfrentándose a los miedos con valentía y, eso, efectivamente, también les hace ser más fuertes.
Cuando escuché a la mujer en su zozobra decir aquello que apuntaba al principio, pensé que tenía razones de peso para buscar dentro de sí misma el valor necesario para afrontar y vencer su miedo, pero al mismo tiempo me pregunté si yo era igual de valerosa ante mis miedos.
No tengo una respuesta fehaciente, creo que sería mucha presunción por mi parte afirmar algo que aún está por demostrar, porque una cosa es haber aprendido a convivir con tus miedos y otra bien distinta poseer una fortaleza determinada ante un temor fundado e incluso muy posible. Sí puedo decir que, ahora, sé mejor lo importante que es no mostrarse pusilánime ante los problemas y miedos. Lamentarse es derrochar un tiempo muy necesario para solucionar nuestros conflictos interiores.
Cuando se es creyente y se siente interiormente el convencimiento de que Dios camina con nosotros, los miedos también se depositan en sus manos. Y cuándo vas viendo que, de una forma u otra, Él, te coloca donde corresponde, vas también siendo muy consciente de que tu actitud decidida ante tus miedos, te ha hecho crecer y por tanto más fuerte.
Hay quienes no se dan cuenta de esto porque en su desnudez espiritual y conocimiento interior, se ven débiles. Y no es menos cierto también que, la insatisfacción, hace de las suyas pues suele ocurrir que, superado un miedo, aparece otro para llenar de nuevo un hueco que, de repente, se quedó vacío.
Cuando coges la mano de Dios, el miedo dura lo que tardas en sentir que no estás solo e, inmediatamente, aflora una postura valerosa que, en lugar de menguarte, te hace crecer y fortalecerte.
Esta enseñanza, la expresa muy bien Tagore en uno de sus escritos: “ Señor, enséñame a orar no para obtener protección contra los peligros, sino para afrontarlos sin temor. Enséñame a pedir no alivio a mi dolor, sino el valor para superarlo. Enséñame a buscar en el campo de batalla de la vida, no aliados, sino mi propia fortaleza.”
Leído y asimilado este bello pensamiento, poco más cabe decir. Una vez más, nosotros elegimos; vivir con miedos y acobardados, o afrontar nuestros miedos con valentía y con la convicción de que Dios está junto a nosotros en la batalla de la vida. Yo, personalmente, elijo la segunda opción aún siendo muy consciente de mi vulnerabilidad. Y, tú, ¿ Cual eliges?. ¿ Qué haces con tus miedos?.
Pilar Martinez Fernandez.
martes, 11 de mayo de 2010
No somos casualidad
Cuando miro las flores, veo su color, sus pétalos abiertos a la luz, su vivacidad a pesar de ese lento marchitar al que sucumben finalmente.
Veo también, perfección. Perfectas en el equilibrio que mantienen erguidas desde sus ramas; perfectas en su forma, como queriendo jugar con la naturaleza a la simetría, y pienso que, tanta perfección, no es casualidad, sino fruto de una creación magnánima.
Lo pienso también del hombre y de la mujer. Quizá no vea en muchos de esos hombres y mujeres que me rodean ni la perfección ni simetría alguna, menos aún equilibrio, pero sí que tengo la completa certeza que cada ser humano existe más allá del hecho primario de haber nacido.
Nuestra existencia, no es casualidad. Lo propicia algo que no acertamos a definir; alguien superior, Dios, el universo, las estrellas...a saber entre todas las teorías posibles, cúal de ellas es la verdadera, podemos llegar a pensar.
Mi teoría, que no certeza, es que existimos por una necesidad implicita; tal vez para que se desencadenen otros muchos acontecimientos o porque en ese gran puzzle que es la vida, somos una pieza necesaria para que otras sucesivas se encajen también.
Y, si pienso en el ser humano y sus posibilidades, me resulta mucho más fácil comprender el motivo por el cual, cada uno, existe y también porqué no podemos ser perennes en esta vida.
El hombre y la mujer, igual que una flor, tiene un proceso de germinación y floración para terminar en un lento proceso de marchitamiento. Aceptar este hecho es tambien aceptar las propias reglas de la vida, el problema surge cuando entendemos que envejecer es abandonarse a esa enajenación que produce el verse mermado de facultades.
No somos dueños de nosotros mismos. Podemos sentir que lo somos cuando nos acompaña la fortaleza, la salud, la voluntad, la juventud...pero no lo somos realmente. Es una sensación únicamente, pero no la realidad, o al menos esa realidad relativa que se deja entrever si extrapolamos nuestra existencia.
Hoy existe un pensamiento existencial forjado por la negación espiritual de un dios magnánimo y creador. Hoy más que nunca vemos a nuestro alrededor semidioses individualizados; agnósticos de todo, en contra también de casi todo pero sin embargo creyentes de sí mismos.
Creer en uno mismo no es ni mucho menos algo nefasto, más bien al contrario, considerar y tener conocimiento de nuestros dones otorgados y de nuestras posibilidades, es el único modo de crecer y florecer con intensidad; sólo se convierte en algo deleznable cuando se tiene una creencia bastante distorsionada de uno mismo y se sube a determinadas atalayas.
Ese tipo de personas, además de tener un concepto de su existencia bastante pobre aún en sus delirios de grandeza, acusan un vacío existencial y espiritual tan enorme que díficilmente encuentran serenidad en sus vidas.
No somos dioses, ni tan siquiera criaturas perfectas. Somos una bella obra creada por un magnánimo alfarero. Llamaló como quieras, piensa también lo que quieras. Yo, si me permites finalizar esta reflexión con una postura personal, pienso que no soy capricho de una casualidad, sino que existo porque en ese entramado que es la vida, en algún lugar, por una mano poderosa, estaba escrito que yo existiera. Sin duda, lo agradezco. Nada hay tan hermoso como tener la oportunidad de vivir muchos días con sus correspondientes amaneceres y atardeceres consecutivos.
Pilar Martinez ( Mayo 2010)
martes, 4 de mayo de 2010
En la distancia
En la distancia
Siento lejos la delicadeza de tus manos,
ese calor que me enseñaste y que, ahora,
en mis soledades frías,
echo tanto en falta.
En la distancia, la ausencia es cómplice,
y el vacío, una herida abierta que duele,
un quejido que se pregunta entre mil porqués,
uno solamente: ¿ Por qué estás tan lejos?
En la distancia, hay espera,
días que se desean saltar de treinta en treinta para que,
ese día señalado en el que volver a verte,
fuese ya mañana, o mejor, ¡ ahora mismo¡
Pero sé que, en la distancia, mañana llegará;¡Sí¡
Porque al amor no lo detiene el tiempo,
Y tus manos y las mías, romperán esa distancia,
se entrelazarán, muy juntas.
Y puede que ya no se separen nunca,
o puede que tengan que alejarse de nuevo,
languideciendo con la despedida,mientras separamos
las puntas de nuestros dedos.
Pero en la distancia, el suave tacto del recuerdo,
nos dará alas en lugar de manos,
y contando de nuevo los días,
llegará ese tiempo en el que, sin distancias, tú me dirás,
y yo te diré: " Te amaré siempre".
Pilar Martinez ( Mayo 2010)
