lunes, 29 de octubre de 2012
¿ Qué estás pensando?
Con el tiempo, no terminas de vencer la timidez pero de alguna manera la capacidad de pensar para luego dar forma a tus principios te dota también de cierta seguridad y firmeza a la hora de enfrentarte a un intercambio de opiniones.
Siguiendo aquella buena costumbre de mi niñez, también ahora me detengo observar silenciosamente lo que se mueve a mi alrededor. Opinar, lo que se dice opinar, muchas veces evito hacerlo en voz alta, y no porque no esté segura de lo que pienso, sino más bien por el hecho de no enfangarme en diatribas que por lo general no conducen a nada, porque también con el tiempo me he dado cuenta de que hay gente a la que discutir le motiva, le divierte, de tal manera que aunque tú des uno y mil planteamientos razonables, se atragantan para decirte una y otra vez lo mismo sin escuchar en absoluto lo que tú está diciendo.
Para colmo, hay cierto perfil de " opinantes", que te repiten cuán loros parlantes lo que han oído como simples ecos, y con los ecos no se establece debate, pierden fuerza a medida que se repiten, sin embargo, la reflexión es otra cosa, es un tiempo muy preciso que se le dedica a comprender una idea, un suceso, una experiencia...
Algunas veces me gusta leer esas frases que otros pronunciaron, y no por lo verdaderas que puedan ser sino porque no deja de asombrarme la riqueza del ser humano cuando después de someterse al insondable mundo del pensamiento, consigue conjugar las mejores palabras para las más encontradas conclusiones.
Así por ejemplo, siempre me ha gustado esa frase de Pascal, " el corazón tiene razones que la razón no entiende"...un juego de palabras tan inteligente como veráz a la hora de contraponer los sentimientos y las emociones con el raciocinio y el pragmatismo.
No obstante, no hace mucho, al abrir el facebook y ver el espacio donde se puede poner lo que quieras haciendo la pregunta ¿ Qué estás pensando?, me quedé un rato desconcertada porque no estaba pensando absolutamente nada. Y eso fue, precisamente lo que puse en ese espacio en blanco: " no pienso en nada y eso empieza a precouparme
Esto finalmente resultó ser el detonante de estas líneas pues aunque fue una completa tontería lanzada al ciberespacio, tuvo su graciosa contestación por parte de una amiga de mi circulo de contactos: " no te preocupes mujer, de vez en cuando hay que dar a la mente su tiempo de relax".
Con toda su mejor intención, trató de soliviantar mi momento de pensamiento vacío, pero quizá porque no me expliqué mejor, no entendió realmente mi preocupación; no tener nada que decir en mi caso es peor que callar lo que me gustaría decir.
Y es que, en realidad, puede que no se consiga mucho cambiar el mundo o aquello que no nos gusta cuando nos detenemos a pensar, pero de algún modo no sentirse como una balsa a la deriva en lo que concierne al pensamiento te dota de una capacidad de decisión tan buena que ejercerla te hace sentir más persona porque para mí el pensamiento es una introspección en ese interior que absorbe todo lo que le llega del exterior.
Relajarse es un concepto, por el contrario, más para conseguir encontrar un equilibrio entre cuerpo y mente cuando hay sobrecargas no para abandonarse más a la carencia de ideas y pensamientos.
En fin...que pensar, siempre es bueno sobre todo si se hace de un modo inteligente, personal y honesto. Asi pues, aunque lo que pensemos sea erroneo, siempre será mejor que no pensar absolutamente nada, Hipatía de Alejandría pues..pensó muy acertadamente.
Pilar Martinez ( Octubre 2012)
martes, 23 de octubre de 2012
miércoles, 25 de julio de 2012
La muñeca que un día dejó de serlo
Desde que recordaba, Malena habia sido una muñeca. Eso es lo que le decían todos que era; una bonita muñeca con carita de porcelana, ojos negros, un bonito cabello y...siempre impecablemente vestida.Pero trás esa cara de bonita porcelana y eterna sonrisa, palpitaba un corazón adormecido. Adormecido, sí. Tal vez por inseguridad, o quizá por miedo, pero Malena cada día se decía a sí misma que no debía hacer nada más, sino sonreir cándidamente pues también se convencía a sí misma de que, en defintiva, era lo que se esperaba de ella.
Sentada como cualquier otro día en ese lugar tenúe en el que acostumbraba a quedarse ensimismada esperando y con la mirada pérdida en un punto lejano y difuso, de pronto, alguién se acercó hasta ella.
Malena sintió una respiración suave cerca de la cara. El cálido aliento le calentaba las mejillas. Empezó a inquietarse. Nunca antes alguien se había acercado tanto a ella, no de esa manera, era como si escudriñara su rostro para ver si era real.
Se ruborizó, tampoco había sentido ese calor tan súbito en su rostro nunca. Pero, finalmente, sonrío; sonrío como solía hacerlo, esbozando con los labios apretados una media luna de mejilla a mejilla. Y de pronto, ¡ flash¡, una potente luz blanca le cegó la cara tras escuchar un metálico " click" cerca de su oído.
Una lágrima comenzó a asomar voluminosa en uno de sus ojos negros como botones. Malena no entendía qué le estaba ocurriendo ni porqué esa luz la había perturbado tanto la mirada. Sentía los ojos como secos pero al mismo tiempo con la imperiosa necesidad de llorar.Sin embargo, no se sentía triste, tan sólo desconcertada.
A su lado, un joven no dejaba de observarla; desde un ángulo, desde otro, de abajo arriba, de lado, de frente...y con cada perspectiva, un disparo de su cámara de fotos. No hablaba, sólo miraba a Malena como si hubiera encontrado un hallazgo valioso o, tal vez, queriendo encontrar algo más.
Malena siguió fija en ese punto difuso del horizonte al que miraba a pesar de esa lágrima qué, finalmente, rodó por su mejilla.
Finalmente, esto incomodó mucho a Malena, nadie la había mirado nunca así y en sus mejillas no desaparecía ese pequeño rubor que tan impertinentemente la estaba dejando en evidencia.
El jóven en cambio parecía divertirse. Cada detalle en el que se detenía de la muñeca le provocaba una curiosidad impulsiva que le hacía hacer más y más fotos enfocando cada vez más y más cerca...el vestido de cuadros, el sombrerito de paja, las manos, el pelo trenzado...
Finalmente, el joven dijo - ¡¡ Qué lástima que no seas más que una muñeca¡¡, e inmediatamente, guardó su cámara dispuesto a marcharse sin más.
Pero malena, a pesar de haber escuchado eso mismo muchas otras veces, en ese momento rompió a sollozar mohina pronunciando las cuatros palabras que desde hacía mucho tiempo había deseado decir: ¡¡¡ No soy una muñeca¡¡¡.
El jovén se volvió subitamente hacía ella movido por ese repentino grito que percibió con un desgarro propio de alguien que estaba sufriendo.
- ¿ Qué has dicho?, le preguntó. Porque...¿ has sido tú quien ha gritado, verdad?.
- ¡ Sí¡, ¡ he sido yo¡....y, no soy una muñeca, volvió a repetir esta vez con arrojo, sin sollozar, como quien desea hacer prevalecer una verdad reveladora.
- Pero yo creí...dijo el joven olvidándose de la cámara y de todas las fotos que le había hecho a Malena.- Estabas tan quieta y...eres tan perfecta...
Malena abrió aún más los ojos si cabe. Muchas veces había oído que era bonita, pero perfecta...eso no se lo habían dicho nunca.
- De verdad..¿ soy perfecta?, preguntó esta vez con voz más quebradiza.
El joven, no sabía qué decir, mucho menos qué hacer en esa situación. El simplemente se había acercado hasta ella porque por alguna razón extraña verla en ese rincón tan silenciosa y sin articular ningún movimiento le hizo sentir curiosidad.
- A mi me lo pareces, sí, contestó en un intento de no contrariarla. Era bonita, pero en conjunto, toda ella le pareció armoniosa, pero tampoco sabía muy bien cómo definir lo que veía en ella.
Malena al escuchar al joven, tan desconcertado como ella con esa situación, quiso mostrar una vez más esa cándidez de la que estaba hecha.
- Todos piensan de mí que soy una muñeca bonita y que es lo único que debo ser, un bonito objeto inmóvil, silencioso, a lo sumo debo sonreir agradecida cuando me miran...como he hecho contigo cuando te has acercado pero...
Su voz se entrecortó. Un pequeño nudo se le estaba formando en la garganta al tiempo que sentía unas ganas irrefrenables de sollozar, pero consiguió controlarlo por un momento.
- Llevo tiempo así...siendo una bonita muñeca que espera que la miren para luego tener un motivo para sonreir, ¿ sabes?..y eso es muy cansado y también ¡ muy triste¡, dijo ahogando en un sollozo las últimas palabras.
- ¿ Cómo te llamas?, preguntó el joven cogiéndola de las manos pequeñas y delicadas que hasta ese momento habían permanecido muy juntas entre la tela del vestido.
-Malena, me llamo Malena nada más.
-Y qué edad tienes?, se decidió a preguntar. Desde un principio era algo que se había preguntado porque no acertaba a definir si era una niña, una adolescente o una mujer más madura.
- No lo sé...dijo cabizbaja. Creo que siempre he sido así, joven, mayor...no lo sé.
Definitivamente, Malena le cautivó. No acertaba a comprender qué era lo que tenía, qué clase de embrujo ejercía sobre él, pero descubrirla lo cambiaba todo.
- No se me ocurre qué hacer para que te sientas mejor, menos triste, Malena...a mí me gustaría llevarte a algún lado, no sé...a pasear tal vez, salir de esta habitación y que veas lo que hay fuera...
Los ojos de Malena se iluminaron radiantes. Nunca antes su cara había esbozado el júbilo como en ese momento.
- De verdad, ¿ me sacarías de aqui?...¿ me llevarías fuera para enseñarme lo que hay detrás de estas paredes?.
- Por supuesto, Malena. Claro que sí. Estás perfecta para eso...y al mundo, estoy seguro de que le vas a gustar mucho.
Pero Malena, volvió a bajar la cabeza.
- Es que soy frágil, puedo romperme...dijo como si fuera, efectivamente, la muñeca de siempre.
Quién sonrió esta vez fue el joven.
- Yo creo que no, Malena. No vas a romperte. Andaremos primero despacio, sin prisa...y después ya veremos si queremos saltar, correr...
¡Saltar¡ , ¡ Correr¡...cómo le ilusionaba eso a Malena.
- ¿ Cómo te llamas?....no me lo has dicho aún, le preguntó curiosa.
- Adrian...me llamo Adrian, como el emperador Adriano pero sin la " o".
- ¿Qué es un emperador?...preguntó Malena con inocencia.
Una sonora carcajada llenó la habitanción. En un primer instante aquella carcajada pilló a Malena de sorpresa, ella había sonreído muchas veces pero nunca se había reído así, con tanta alegría. Adrian, que ahora ya sabía cómo se llamaba, parecía divertirse y eso también era nuevo para ella.
- ¿ Qué divertida eres?...dijo Adrian finalmente sin poder parar de reir.
- ¿ Divertida?...me estás diciendo cosas que nadie me ha dicho antes y me gusta.
- Pues más te va a gustar salir de aqui y venirte conmigo...
Y cogiendola de la mano, la ayudó a ponerse de pie.
Malena sintió todo el peso sobre sus pequeños pies y para su sorpresa, no se caía...¡ podía andar¡.
Levantó la cabeza para mirar a Adrián y sonriéndole le dijo:
- Vámonos...quiero ver lo que hay ahí fuera.
Y Fue así como Malena, siendo una muñeca bonita, frágil y dócil, cambió esas cuatro paredes en las que había permanecido por ese mundo que como mujer merecía descubrir.
- Pero entonces...
martes, 3 de abril de 2012
El laberinto
Sin embargo, sabrás que eres tú de quien hablo, porque cuando me pides que escriba algo nuevo, o me reprochas cariñosamente que escribo menos, lo haces bajo la secreta intención de llenarte por unos minutos, mientras lees, de todos esos matices en los que te hago pensar.
No voy a hacerte esperar más.
Imagina un lugar en el que solo puedes ver dos colores; azul y verde y que caminas en silencio, despacio, sin prisa, como quien no sabe hacía dónde se dirige pero se deja llevar por la intución.
De repente, una brisa repéntina con aroma a musgo te roza la cara. Levantas la vista y, allí estás: en medio de un largo pasillo con setos muy altos que, al mirar más allá, parecen terminar en otra enorme pared de setos, como si aquello no tuviera salida.
No lo piensas en ese momento, en la salida quiero decir. Piensas en cómo has llegado hasta allí, qué extraños pasos te han llevado a tan delirante situación. Pero, enseguida, te percatas también que de poco sirve pensar cómo estás allí, estás y eso...¡ayy¡, comienza a desesperarte, a instintivamente querer moverte, a no quedarte allí sin hacer absolutamente nada, a lo sumo piensas en que alguien pueda ayudarte, una mano amiga, tal vez alguien que te quiere....sin embargo, esas enormes y altas paredes verdes pareciendo rozar levemente el cielo, te hacen sentir tan insignificante allí en medio que, al final, decides seguirle el juego; comienzas a caminar y a caminar de un lado para otro, sin saber muy bien si avanzas o giras continuamente sobre el mismo centro. Pero, no puedes hacer otra cosa. Desconoces el rumbo, tampoco la orientación te funciona, únicamente caminas y caminas, a ratos con fatiga, otros con ansiedad, pero todo el tiempo siguiendo una inercia que te domina y que te empuja a seguir.
Después de un rato dentro del laberinto, comienzas a desesperarte realmente. Tiene tan poco sentido encontrarte allí, verdad? que la salida, la empiezas a intuir incierta, y encima, te rodea una silenciosa soledad.
Pero de pronto, el camino se ensancha, se hace más abierto el fondo verde con el que te has topado una y otra vez en ese laberinto. El cielo también empieza a asomar más en panorámico, como queriendo dejar ver más el horizonte....Síiiiiiii, estás en la salida, estás al final de la enorme encruciajada que has soportado. Y respiras profundamente, necesitas creer que dónde te encuentras, es el punto en el cual queda atrás todo lo sufrido. Lo es, claro que lo es. Todo se abre, hay claridad, un camino más definido, un horizonte más brillante...y tus pasos, más firmes, sabiendo, ahora sí, hacía dónde se dirigen.
Y, ¡ qué felicidad te inunda¡, la dificultad te ha hecho disfrutar plenamente de tu logro.
Pues así es la vida, querid@ amig@, a veces, durante un tiempo más o menos prolongado, un laberinto del que no vemos salida. Y ya lo ves, rendirse ante el laberinto, es vivir en una constante desesperación y bajo una inercia en la que no eres tú, sino un somero actor en una tragicomedia.
Así pues, sea cual sea el laberinto en el que te encuentres, ten la absoluta certeza que debes seguir moviéndote para que la salida, en algún pasillo termine abriéndose. No hay otra forma, y da igual si pasas por el mismo sitio dos veces, equivocarse también sirve para obligarte a rectificar. Lo importante es, primero, saber que se está en un laberinto, segundo, comenzar a caminar, y tercero, aceptar la desesperación para, finalmente, obligarse a encontrar la salida.
Ah...y otro detalle más que se me olvidaba mencionarte; todo laberinto, por muy largo, enrevesado o tremendamente encruzijado que sea, siempre, siempre, tiene una entrada y una salida.
lunes, 12 de septiembre de 2011
El baile de la vida
Muchas veces me he figurado que la vida, en cierto modo, es como un baile, o mejor dicho, como un enorme salón de baile y que nosotros somos bailarines, danzantes al son y al compás de una melodía cambiante, a ratos más rápida, otros más lenta. Y cada vez que he pensando en ello ha sido porque de algún modo he experimentado la desazonante sensación de ir descompasada, como si perdiera el paso o me quedara en un estado de impasse. Esto no deja de ser curioso porque si se piensa, en definitiva, todo se termine reduciendo al complejo hecho de tener que aprender a bailar para movernos por la vida.
Pensemos pues en ello. Yo os pregunto: ¿ Os habéis propuesto en alguna ocasión aprender a bailar?. Quizá sí, ¿ verdad?. Ahora que están tan de moda los bailes de salón, los ritmos latinos y demás, hay muchas personas que dedican un poco de su tiempo a esta cuestión. Algunos de vosotros puede que lo hayáis intentado, otros quizá digan eso de que no aprendieron nunca a bailar porque no tienen sentido del ritmo, pero quienes lo habéis intentado e incluso logrado, seguro que experimentasteis esa sensación algo patosa de moveros descoordinados, como si el ritmo y la música fueran por un lado y nuestro cuerpo por otro. Luego eso va cambiando paulatinamente, va surgiendo cierta sintonía entre cuerpo, pies y música y es cuando se empieza a disfrutar del baile.
Yo recuerdo que cuando me decidí a aprender a bailar jotas castellanas, mi principal problema era que siempre giraba al sentido contrario, esa pequeña dislexia para distinguir la derecha y la izquierda me la jugaba constantemente, pero lo peor no era el giro mal dado sino lo que hacía después; pararme en seco sin saber cómo continuar. Me bloqueaba de tal manera que no era capaz de volverme a enganchar al baile y para cuando me decidía a hacerlo, encima seguía mal porque ya caía en cierto desaliento.
Después de varios fracasos de ese calibre, la profesora decidió contarme un pequeño truco: - Tú aunque te equivoques, sigue saltando, sigue moviéndote, ¡ no te pares¡, si te paras es cuando de verdad se nota el fallo.
Yo recuerdo que pensé al principio: ¡ Pero cómo voy a seguir moviéndome¡, ¿ hacia donde si ya voy en sentido contrario?. Se me notará aún más...
Pero resultó que tenía razón la profesora. No era en sí tan nefasto el equivocarme de lado o de paso, sino el hecho de quedarme parada y a la deriva. un giro en sentido contrario se subsanaba con unos pocos pasos para sincronizarme con el de al lado e ir a la par, y si se daba un paso cambiado, enseguida , al seguir saltando limpiaba ese mal efecto en cuestión de un segundo para enlazar con el paso correcto.
Fue a partir de este descubrimiento cuando comencé a tener menos miedo a equivocarme y a disfrutar bailando, como bien decía al principio.
En la vida, si extrapolamos esta lógica en lo cotidiano y en aquello que debemos afrontar mientras vivimos, es fácil darse cuenta de que no hay nada peor que quedarse quieto y frenar cuando hay algo discordante que nos confunde, o en el caso aún más delirante, cuando somos nosotros quienes provocamos esa discordancia.
Si imaginamos, efectivamente, que pasamos toda la vida intentando llevar un ritmo y un compás de vida en el enorme salón de baile que es la propia existencia, podemos igualmente imaginar que en algún momento la melodía nos va a pillar con el paso cambiado o que nos guste más seguir un ritmo mejor que otro, o que incluso otros nos cojan de la mano para bailar en pareja. Y siendo esto así, metafóricamente hablando, ¿ Cuál debe ser pues nuestra postura vital?.
Personalmente, como bien empezaba esta reflexión, puedo deciros que muchas veces he tenido la sensación de moverme por moverme, y esto quizá tampoco fuera del todo bueno ni malo, pero la vida ofrece momentos de tan diferente índole que el problema de caer en ciertas inercias es que terminas por no disfrutar plenamente de los pequeños ritmos, es decir de las pequeñas cosas, y del mismo modo tampoco estás preparado para los cambios porque al trastocar tus ritmos rutinarios, no te sale con naturalidad ni los giros ni los quiebros. Con el tiempo, y gracias a que me propuse aprender a bailar jotas castellanas, he comprendido que mientras se aprende es lícito confundirse y hacerse un lío con los pasos, pero del mismo modo es necesario adaptarse al ritmo, intentar encontrar la sintonía sin detenerse hasta conseguir hacer del vaivén una equilibrada danza en nuestra existencia.
Dicho esto, creo queridos lectores, que os toca a vosotros pensar cuál es vuestro ritmo y vuestros handicaps en el baile de la vida. Si tenéis siempre ganas de bailar, si creéis que sintonizáis con la melodía que escuchaís, si formas un bonito grupo de baile, si con tu pareja hay sincronización, si disfrutas del baile, o si quizás os negáis oportunidades, aprendizajes o os empeñáis en quedaros parados sumergidos en un silencio interior. Y puedo afinaros aún más; a lo mejor tambien sentís que durante un largo tiempo vivís balanceándoos al ritmo de un determinado compás de vida pensando que no hay otro ritmo ni otras melodías posibles, acomodados en ello. También podéis empeñaros en ir por libre, sin estructuras ni pasos, girando y moviéndoos hacía donde os pide el cuerpo sin tener en cuenta lo que suena a vuestro alrededor....son tantas las posturas vitales a las que el hombre puede someterse frente al baile existencial que incluso puede ocurrir que sea una mezcla de varias.
Desde luego y resumiendo esta íntima reflexión, lo que sí puedo afirmar y os deseo trasmitir es que el baile de la vida puede ser desconcertante pero siempre tiene un fondo bonito, abierto a la dicha, a las alegrías, a las emociones...y cuando se siente el compás con la vida todo adquiere tal sentido que la esperanza lo envuelve todo de color y brillantez.
El salón de baile siempre esta ahí para nosotros, es una constante que nos invita a danzar en ella, pero lo importante es comprender que mientras exista el latido en nuestra existencia, hay que moverse, bien para seguir en sintonía con la melodía de la vida que nos toque o bien para intentar retomar el compás cuando lo perdemos.
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Pilar Martinez.
lunes, 7 de marzo de 2011
Sucedaneos de Dios
domingo, 30 de enero de 2011
Sé sembrador de flores
a pesar de la actual crisis, les respondo:
Porque creo que Dios es nuevo cada mañana.
Porque creo que está creando el mundo en este mismo momento. Los caminos de la Providencia
son absolutamente sorprendentes.
No están sujetos al determinismo
ni a los sombríos pronósticos de los sociólogos.
Dios está aquí”.
sábado, 29 de enero de 2011
In interiore hominis habitat veritas
Mi maestro, siempre hábil para acertar de lleno en mis inquietudes, quiso que leyera un texto de Miguel de Unamuno. Lo leí, efectivamente. Bajo el título ¡ Adentro¡ y encabezado con la frase en latín " In interiore hominis habitat veritas", descubrí sino respuestas a mis dudas, al menos sí una idea aproximada de la quietud y serenidad que debo tomarme la vida y sus vaivenes, porque si bien no soy edificio sobre el que dibujar un proyecto, soy por el contrario una persona en manos de la vida y de sus aconteceres, a ratos placenteros otros, en cambio, más delirantes y desairados.
Unamuno en su texto, contesta supuestamente la carta de un desilusionado amigo que al paracer saborea la amarga hiel de la frustración.
En el interior del hombre, habita la verdad, viene a demostrarle con su alegato contundente Unamuno a su amigo. Textualmente le dice: " Vete al campo, y en la soledad conversa con el universo si quieres, habla a la congregación de las cosas todas, ¿ Que se pierde tu voz?, Más te vale que se pierdan tus palabras en el cielo inmenso a no que resuenen entre las cuatro paredes de un corral de vecindad, sobre la cháchara de las comadres. Vale más ser ola pasajera en el Océano , que charco muerto en la hondanada.
¡ Nada de plan previo, que no eres edificio¡. No hace el plan a la vida, sino que ésta lo traza viviendo. No te empeñes en regular tu acción por tu pensamiento, deja más bien que aquélla te forme, informe, deforme y transforme éste. Vas saliendo de ti mismo, desvelándote a tu yo propio,; tu acabada personalidad está al fin y no al principio de tu vida."
Y como si no fuera bastante tal filosofía de vida para comprender que simplemente somos fruto de nuestro propio acontecer sin planes previos, ni rigores establecidos, sigue Unamuno acertando a decirle a su amigo:;
" Te repito, no hace el plan a la vida, sino que ésta se lo traza si misma, viviendo. ¿ Fijarte un camino?, El espacio que recorrerás será tu camino; no te hagas como planeta en su órbita, siervo de una trayectoria. Querer fijarse de antemano la vida, redúcese en rigor a hacerse esclavo de la que nos señalen los demás, porque eso de ser hombre de meta y propósitos fijos no es más que ser como los demás nos imaginan, sujetar nuestra realidad a su apariencia en las ajenas mentes. No sigas, pues, los senderos que a cordel trazaron ellos; ve haciendo el tuyo a campo a traviesa, con tus propios pies..."
Pensaba, después de leer este texto que lamento por otro lado reducirlo a minimas expresiones porque el texto completo no tiene desperdicio, en lo que suelo ensimismarme al pensar hacia dónde me dirijo. Son tantas las preguntas que surgen cuando te pareciera vivir constantemente escalando una pared vertical que, de forma inevitable te planteas si sigues el camino correcto, si quizá existe alguna bifurcación que no tomas por ceguera, cobardía o simple enajenación de la realidad. Y, también pensé que, mirando atrás, es cierto que apenas puedo afirmar que alguno de mis planes previos, haya terminado conjugándose en mi vida presente. Todo cuanto he vivído y vivo, ha sido sin ser planificado, ni proyectado, ni siquiera en un cálculo aproximado, y no es que sienta que he mal aprovechado mi tiempo o mi vida, ni mucho menos creo que cuanto vivo sea de menosprecio, pero no dejo de reconocer que la vida en muchos sentidos me ha sorprendido, a veces con el paso totalmente cambiado, otras en cambio con firmeza.
Si he de ser agradecida, he de dar por bien proyectado todo cuanto he vivído. Si he de ser entusiasta, he de dejar que la vida fluya paso por paso, sin planes previos.
Y, sí. ¡ Desde luego que sí¡. El mejor lugar para indagar en nuestro interior y escuchar nuestra sintonía con la vida, es el campo, la naturaleza... Sólo allí es posible el encuentro pleno entre nosotros como materia con alma y un mundo vivo que goza de la belleza y el equilibrio de la propia energía.
" Recójete en ti mismo para mejor darte a los demás todo entero e indiviso. Doy cuanto tengo, dice el generoso. Doy cuanto soy, dice el héroe. Me doy a mi mismo, dice el santo. Di tú, al darte:doy conmigo el universo entero. Para ello tienes que hacerte universo, buscándolo dentro de tí,
¡ Adentro¡."
Asi termina Unamuno su carta y así termino yo estas lineas que espero te hagan comprender, aunque a veces lo olvides o pases por encima, como tambien me ocurre a mi cuando esa escalada vertical te parece aún más vertical de lo que te crees capaz de superar, que cuánto somos y seremos, cuánto damos y daremos, cuánto amamos y amaremos, viene de dentro, está adentro, en nuestro interior y que todo termina ocurriendo por sí solo, sin premeditaciones, ni planes estructurados, ni fijaciones, mucho menos obsesiones o empeños pueriles que a veces los motiva la envidia, la ambición o la simple pobreza espiritual.
Así pues, no te preocupes, y si puedes, corre al campo, mezclate con el viento, y escuchate...y si no te oyes, como también me ocurre a mí a menudo, deja que el viento te lleve. Él sabrá adonde llevarte que no tiene que ser el mismo rumbo ni el mismo destino que lleva a otros. Y, por encima de todo, trata de disfrutar del viaje, del camino, con la rosa de los vientos en tu mano.
Pilar Martinez Fernandez ( 29 enero 2011)
domingo, 16 de enero de 2011
Mientras hacemos otros planes

Cuántas veces no nos preguntamos sobre la vida, sobre lo que vívimos, lo que no vivímos, lo que necesitamos, lo que no logramos, lo que soñamos...
Y cuántas frases hay de esas célebres que, como si vinieran a explicar lo que nosotros somos incapaces de dar forma con palabras, nos dan una pista, o quizá un pensamiento más racional. Bastantes,¿ verdad?.
Aún así, no conviene conformarse con leerlas o darlas incluso por válidas pues al fin y al cabo, el pensamiento es un pájaro de voluptuosas alas capaz de volar al horizonte infinito de la razón y la verdad, ambas muy relativas, dicho sea de paso.
Escuchaba una frase de John Lennon, un personaje para mi gusto demasiado controvertido y cuya personalidad se magnificó por su asesinato cuando, posiblemente, de vivir hoy, quizá fuera un ídolo más caído victima de las drogas o del desencanto por la propia vida, quién sabe, pero que en esos momentos de lucidez y de juventud antes de morir acertó a decir: “ la vida es todo lo que nos ocurre mientras hacemos otros planes”.
Me gustó este pensamiento, más por lo esencialmente cierto que por aquello que pudiera tener de resignación con respecto a la vida y a cuanto nos ocurre. Y digo bien, esencialmente cierto, porque muy a pesar de los pesares, ajeno a nuestra voluntad, a nuestros deseos o a lo que creamos merecer y necesitar, la vida te hace vivir día a día aquí y allá, esto y aquello mientras nosotros deseamos hacer otra cosa y estar en otro lugar. Es un continuo antagonismo entre lo que vívimos y lo que desearíamos vivir, de tal manera que, casi siempre vivimos en la disconformidad y por tanto en el anhelo.
La cuestión, creo yo, es el nivel de aceptación, que no resignación, en el que vivimos cada cual, porque aunque parezca lo mismo ,no lo es, no al menos a la hora de encontrarle un sentido a nuestra vida.
Yo acepto la vida tal cual es, como me toca, al menos de un modo digamos sereno y consecuente al tiempo que le busco lo vital y necesario para evolucionar como persona.
Del mismo modo entiendo la derrota aunque siempre me guste más la victoria, por supuesto, porque de la derrota aprendo y me da un motivo para mejorar, de la victoria unicamente me congratulo aunque el equilibrio también está en no instalarse en la derrota porque entonces estaríamos hablando de abandono.
Con la vida, ese es el pulso que a mi entender debo tener. Aceptar lo que me viene pero sin caer en abandonos, ni en derrotismos, menos aún en la resignación, como bien diferenciaba antes, porque esa es la actitud del perdedor, del que ni tan siquiera se da la oportunidad de conocerse a sí mismo. La actitud, por el contrario, del vívidor en su sentido amplio y necesario para afrontar la vida y sus proyectos por vivir, es la de sentir en cada momento que todo cuanto le ocurre es un continuar hacia delante con esperanza y con inquietudes.
Conozco pocas personas, incluso pienso que casi puedo afirmar que no conozco a ninguna , que sienta una plenitud absoluta en su vida. Pero imaginemos por un momento que hubiera alguien que, efectivamente, afirmara con absoluta rotundidad su plenitud personal. No le preguntaríaís acaso por el miedo a perderla, es decir, a que ¿ no fuera a durarle demasiado? Porque, he aquí lo delirante de la propia vida, que en lo malo parece perseverar mientras que en lo bueno se muestra vulnerable amén de efímera.
Preguntarse estas cosas, bien sé que provoca cierta zozobra interior, pero no sé, amigos, creo que el equilibrio interior es importante, y como buena balanza, ha de tener dos platillos; uno para los anhelos y otro para la realidad. Gana peso la realidad porque la llenamos con más cosas mientras que los anhelos son ligeros y a veces también volátiles por la inmadurez y volubilidad del ser humano, precisando unas veces una cosas y otras veces otras dependiendo de la evolución y el crecimiento del individuo.
John Lennon no fue un ejemplo de equilibrio, a mí al menos no me consta que lo fuera a pesar de componer bellas canciones con letras realmente preciosas, un ejemplo “ imagine”, en la que imagina un mundo lleno de gente en paz, en fin, una utopía, sin embargo, su frase me parece todo un punto a la hora de dar sentido a la máxima experiencia y privilegio que es la propia vida; lo que nos ocurre mientras hacemos otros planes, es efectivamente, eso que hacemos llamar vida.
Y para los que creéis en Dios, dejadme deciros algo más; Todos para sí, tenemos muchos planes; Dios, sólo uno para cada uno de nosotros. Así pues, Sursum Corda¡¡¡...Arriba el corazón¡¡¡.
Pilar Martinez ( Enero 2011)
jueves, 6 de enero de 2011
Todo a su debido tiempo
Son, en realidad, sensaciones que nos hacen tomar plena conciencia de nuestra existencia y, en esencia, a preguntarnos si realmente vivimos como queremos y, lo más delirante, si somos felices.
Me gusta mucho una frase que a alguien ya se la he dicho en alguna que otra ocasión: " quien tiene un porqué para vivir, encuentra casi siempre el cómo".
Preguntarse si se es feliz puede no ser la gran preguntar a hacerse, sino los motivos que tenemos para vivir cada día en consecuencia.
Tener un porqué es, en realidad, lo que hace girar nuestra vida aunque a veces sintamos vértigo o mareo. Y, ese porqué ¿ Dónde lo hallas?. Tal vez en tus hijos, en tus padres, en tus amigos..., puedes llegar a pensar, pero principalmente, ¿ no crees que está en tí mismo?.
Nadie puede negarte ni decirte que no te mereces esto o aquello, el hecho de que no lo obtengas puede deberse a muchas cosas, a menudo incluso contradictorias, es cierto, pero el extraordinario hecho de que existas y que cada día se renueve esa existencia saludable con cada amanecer que despiertas, es el único porqué que necesitas para encontar el modo de obtener aquello que está pensado para tí.
Os reconozco, amigos, que yo misma soy impaciente, de tal manera que incluso llego a enfadarme por tener que patalear tanto para lograr algunas cosas, sin embargo, también he aprendido a base de ciertos coscorrones que por mucho que yo me empeñe en obtener algo, si ese algo no está proyectado para mí, no lo obtendré nunca. En su lugar, en cambio, llega lo que sí es para tí , y, desde luego, llega a su debido tiempo, cuando tiene que llegar.
Es un hecho que convierte ese " porqué" de existir que hay en tí, en el modo de hallar un " cómo" para obtener lo que precisas, o mejor dicho, lo que necesitas. Piénsalo así. Y, piensa también que, para tí, seguramente aún lo mejor está por venir...
Pilar Martinez ( enero 2011)





